SER UNIVERSITARIO
‘Honoris causa’

Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión22-10-2005
El controvertido nombramiento de Santiago Carrillo como doctor honoris causa de la Universidad Autónoma de Madrid parece providencial para el inicio de esta nueva columna: ser universitario. Muy propio de una actitud académica sería ahora valorar la talla política de Carrillo y su quehacer intelectual y evaluar si son suficientes para recibir semejante premio. No obstante, a eso se han dedicado toda la semana unos y otros periódicos, re-abriendo profundas heridas con argumentos superficiales. Es curioso cómo las más de las veces los peores desencuentros no son fruto de un desacuerdo irreconciliable, sino de la cerril obcecación humana por una idea simplista de las cosas. Nosotros, desde un espíritu auténticamente universitario, trataremos de proponer perspectivas más amplias. Lo primero que conviene aclarar es que el ser universitario no es fruto de tener un certificado de matrícula. Como no se es sabio por tener un título de doctor. Ni el hábito hace al monje, ni el título al sabio. Un hombre de mirada sencilla sabe reconocer a universitarios y sabios sin que se lo chive el todopoderoso papá Estado con un cartón -y quizá con trampa- muy en regla y muy firmado. El espíritu universitario es siempre más amplio, rico y creativo que cualquier sistema estandarizado de evaluación; y la sabiduría pertenece a personas con nombre propio capaces de generar escuela, no a reconocimientos institucionales. Desde esta perspectiva, resulta lamentable atender a los miopes análisis de unos medios de comunicación aprisionados bajo la cúpula de las ideologías. No diré el nombre del redactor de El Mundo, por elegir un ejemplo, que informó de los “ultraderechistas” que se manifestaron en contra del acto -¿porqué no se llama ultraizquierdistas a quienes se manifiestan en contra de algún político de derechas?-. El muy sabio plumilla tachó a los “ultraliberales” que insultaron a Carrillo de “pacificadores que tiran a pacificar” (Benedetti dixit). Esta lumbrera interpreta que el poeta uruguayo considera asesinos a los que insultan a la gente “de izquierdas”; cuando lo que denuncia Benedetti -un hombre de izquierdas, pero que sabe mirar por encima de eso- es la perversión de asesinar en nombre de la paz. Vamos, que el poema escogido por el periodista para defender a Carrillo -de izquierdas- y desacreditar a los manifestantes -de derechas- sirve más bien para lo contrario: aquellos “ultras” despreciados por el plumilla no han matado a nadie en nombre de nada, cosa que no se puede decir del ex líder comunista. A este cenutrio que se hace pasar por culto periodista hay que explicarle que “los pacificadores que tiran a pacificar” no son gente “de derechas” o “de izquierdas”, sino asesinos que se escudan bajo un ideal. Esa misma miseria intelectual y partidista lleva al redactor a justificar el nombramiento de Carrillo con el dato de que “150 profesores del claustro votaron a favor”. Lo que obvia en la información -¿ignorancia o manipulación?- es que los otros 153 -más de la mitad- no lo hicieron. La verdad es que importa poco que nombren a Carrillo honoris causa o no. Pero las circunstancias que rodean el hecho y los análisis de los medios sí son preocupantes. Demuestran que una parte importante de la universidad y de los medios de comunicación - de quienes piensan y difunden pensamiento en este país- lo forman personas incapaces de salir de su “rincón”, pertrechados bajo una visión ideológica y simplista de la realidad, autocomplacientes entre ellos y belicosos con el resto. Ideas simples que abren profundas heridas. Lo verdaderamente universitario es lo contrario: salir del propio rincón, romper la cúpula de las ideologías y los prejuicios y desarrollar una inteligencia de largo alcance capaz de abrazar al otro, que si es distinto en pensamiento es hermano en humanidad. Así hacen escuela los maestros, los sabios, los auténticos honoris causa.






