AYUDA HUMANITARIA
El pueblo afgano recibe más donaciones ante la gravedad de su situación
Por Cristina Guerrero
1 min
Internacional07-10-2001
Afganistán, un país que ha soportado veintidós años de guerra, tres de sequía y cinco de sometimiento a los talibán, muere de hambre paulatinamente en un proceso que parece irremediable.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha calculado que unas 320.000 personas están a punto de quedarse sin alimentos. Desde los atentados a Nueva York, 15.000 afganos han abandonado sus tierras y se dirigen a la frontera de Pakistán, donde viven momentos de penuria. Una epidemia existe desde el pasado mes de julio. El virus, que tiene síntomas similares al del ébola, ha causado decenas de heridos. La fiebre hemorrágica es altamente contagiosa y procede de las garrapatas del ganado. Estos animales provocan hemorragias que tienen como consecuencia la muerte. El masivo exilio de afganos a la frontera aumenta el riesgo de transmisión. Afganistán es uno de los mayores productores de opio y benefactor de enormes reservas de gas natural. Es un país con un índice de mortalidad infantil superior al 149 por mil, con una esperanza de vida que no sobrepasa los 45 años y con una renta per capita inferior a 19.000 pesetas (114,19 euros) al año. Casi cinco millones y medio de personas dependen de la beneficencia de la ONU. Se prevé que esta cifra aumente en casi dos millones después de los atentados. Por este motivo, el presidente de EE.UU., George W. Bush, ha entregado 320 millones de dólares (60.000 millones de pesetas) a la población afgana en señal de confianza y ha expresado un mensaje de tranquilidad y solidaridad. Según Bush, esta guerra tiene al terrorismo como objetivo exclusivo. Este dinero se pondrá a disposición de diferentes ONG. La ONU ha reiniciado sus partidas. En los próximos días llegarán tres cargamentos a Kabul, al noreste y al oeste del país con unas 200 toneladas en alimentos y medicinas, La tarea más difícil se encuentra en el norte, donde ya han empezado a caer las primeras nieves.





