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SIN ESPINAS

Poderes espirituales

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión18-09-2005

Decía el maestro Ortega y Gasset en su magistral y preclaro ensayo sobre la Misión de la Universidad (1930), que en la vida pública no hay ya más "poder espiritual" que la Prensa. Palabra que hoy día podríamos sustituir por medios de comunicación. El pensador aseguraba por aquel entonces que la vida pública -la verdaderamente histórica- desaparecidos los poderes espirituales tradicionales -Iglesia y Estado-, está regida por la “opinión pública”. Está nueva fuerza espiritual, además de ser ciertamente abstracta, heterogénea en su definición, por oficio se ocupa de lo que demanda una sociedad a la deriva y montada en la vertiginosa ola del movimiento perpetuo. Si la realidad pública es siempre actualísima y la espiritualidad requiere de la contemplación, el sosiego y la reflexión, podemos concluir que tal como actúa, el poder que ha sustituido a los dos anteriores es de suyo antiespiritual. De esta manera, el alma pública es hoy dirigida y alimentada ya no sólo por periodistas -desgraciadamente una de las clases menos cultas de la sociedad- sino por todo ese conglomerado de frikies que a más tardar terminarán presentado el telediario en prime time. Por no descartar que el frikiperiodista sea hoy una constante en la mayoría de los ámbitos del periodismo que antes eran algo más serios -deportes, tertulias políticas o incluso una prensa del corazón respetuosa con la dignidad del ser humano-. Como decía Ortega, incluso en el periodismo han proliferado los "pseudointelectuales chafados, llenos de resentimiento y de odio hacia el verdadero espíritu". Todos estos entienden por actualidad y realidad del tiempo "lo que momentáneamente mete ruido, sea lo que sea, sin perspectiva ni arquitectura". De tal manera que la visión periodística "deforma la verdad reduciendo lo actual a lo instantáneo, y lo instantáneo a resonante". El fruto podrido de todo esto -lo explica también Ortega con maestría- es una conciencia pública y una imagen del mundo invertida: en la que cuanto más importancia sustantiva y perdurante tenga una cosa -valores o personas- menos hablarán de ella” los medios de comunicación. Y, en cambio, destacarán sobremanera "lo que agota su esencia con ser un suceso y dar lugar a una noticia". Los inconfesables intereses de las empresas y poderes políticos que están detrás de los medios son sólo una consecuencia más de la mentalidad que impregna al instrumento encargado hoy -por dejación de los otros- de nutrir nuestro espíritu. Por eso, dice Ortega que es "cuestión de vida o muerte que la Universidad -como transmisora de cultura y valores- intervenga en la actualidad para rectificar tan ridícula situación" tratando los grandes temas del día desde su punto de vista propio -cultural, profesional o científico-, metida en medio de la vida hasta imponerse como un "poder espiritual superior a la Prensa", aportando serenidad frente al frenesí y seria agudeza frente a la frivolidad y la franca estupidez. Dice Ortega que así la Universidad volverá a ser lo que fue: "Un principio promotor de la historia europea".

Fotografía de Javier de la Rosa