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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

El dolor de España

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión18-09-2005

Más que estudiada está la preocupación por el “alma de España” en los escritores de la llamada Generación del 98. Muchos, como Azorín y Machado, inventaron Castilla; otros, como Valle, la Hispanidad; Unamuno inventó la figura del literato intelectual comprometido con su pueblo. Todos, en definitiva, preocupados por la crisis de identidad de su tiempo, buscaron el alma de España en sus paisajes y costumbres, en su catolicismo y en su historia, el su Quijote y su Sancho. Ortega recogerá todo aquello y enseñará que España es su misión y que, muerta su misión, muerta España. Para la derecha de entonces, aquellos escritores de principios de siglo eran pesimistas, negativos, asistemáticos y devotos de un país imposible. Para la izquierda de la época, encarnada por Azaña, los noventayochistas eran ególatras, antipatriotas y carentes de ideas políticas sólidas. Cualquier mente inocente se preguntará cómo es posible acusar a Unamuno de antipatriota o a Azorín de carecer de ideas políticas. Pero supongo que era previsible. El nuevo bárbaro de la política juzga con estrechez de miras todo lo que no cabe en sus embasados sistemas ideológicos. Para la izquierda, cualquier idea que no compartiera debía de ser “antipatriota” -incluso antidemocrática-. Para la derecha, cualquier sueño más allá del dinero es un diletantismo inútil. Pero ni izquierda ni derecha ni muchos supuestos estudiosos de literatura han comprendido nunca que la Generación del 98 no es una generación de políticos, sino de escritores y, sobre todo, de amantes de una España en crisis. La tendencia, hoy, apenas ha cambiado. Cuando un escritor, un cantante, un articulista o un profesor universitario habla de España, de leyes, de estatutos, de familia, de catolicismo o del Quijote, es encasillado inmediatamente en una facción política. La diferencia entre el arranque del XX y este amanecer del XXI es que entonces eran los políticos quienes juzgaban el mundo desde sus esquemas y, hoy, esa mirada miope e ideológica se ha extendido a casi la totalidad del “pueblo” -perdón, de los “ciudadanos”; perdón, de las “personas”-. Hoy, cualquier estudiante que se cruce involuntaria e inesperadamente con unas páginas de Unamuno dirá -anécdota real- “sí que era facha”. ¡Qué fácil reducir a todas las personas a simples animales políticos de dos razas! Así no hay que pensar demasiado, ni esforzarse en conocer, ni siquiera hay que pensar. Así se duerme mucho más tranquilo. “¿Que te duele España? ¡Es que eres un facha!”.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach