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ANÁLISIS DE LA SEMANA

Por la barba

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura3 min
España30-09-2001

Al Gore se ha dejado barba. Y por las barbas puede ganar. Se ha transformado su imagen y su semblante como si hubiera sufrido una metamorfosis. Si venciera las próximas elecciones en Estados Unidos podría decirse que ganó “por los pelos”, o “por los pelos de la barba”, o “por la barba”, simplemente. Aunque no son esas las formas deseables, ciertamente. La política debería ser ética y estética, bonita pero sincera: estética y ética al mismo tiempo, que fondo y forma se correspondieran en armonía. Sin embargo, la hipocresía campa a sus anchas en el ágora político. Decir una cosa y hacer otra. En eso son especialistas algunos nacionalistas vascos: en pedir el diálogo de todas las fuerzas políticas con la condición encubierta de que el diálogo lleve cuanto antes a la autodeterminación. Aunque casi ni existen desde que el tiempo informativo se ha centrado en sacar rentabilidad a los enviados especiales en el conflicto entre Bush contra Bin Laden, están ahí: El terror de “la banda de este país” es inminente, lo demuestran las constantes detenciones. Aunque la sensación sea ahora la de que todo terrorista lleva un turbante y en su testamento pide, como Atta, que su entierro no lo presencien “mujeres impuras”, ETA existe aún. El Gobierno español debe aprovechar las sinergias del enfadado mundo Occidental. No se sabe, realmente, si está enfadado por culpa de “los malos” o porque no encuentra la manera de que el otro medio mundo, el Oriental, quede estigmatizado por la guerra más rara de la historia. El presidente Aznar, que está colaborando con eficacia en la persecución del entramado Bin Laden, le sacará partido para la gran lucha pendiente de España, la lucha contra ETA. Nadie hubiese pensado que el pequeño Aznar iba a influir tanto en el consenso de Europa contra el terrorismo. Terrible paradoja que el impulso final haya venido de un acontecimiento como el 11-S y el democrático ataque contra el mundo musulmán. También muy sutil, claro. En el Partido Socialista no se libran de ser grandes expertos de la hipocresía. El viejo truco de separar las funciones del bueno y del malo se reedita con José Luis Rodríguez Zapatero y sus portavoces, Jesús Caldera y José Blanco. Qué hará con estos dos hombres, de aspecto ambicioso pero que no llegan a dar la talla política, cuando llegue al poder -si llega- dará la medida del verdadero Zapatero que hay detrás de la imagen que ofrece. Las elecciones gallegas son su segunda prueba desde que se alzó con la Secretaría General de su partido. La reforma de la Justicia tiene ya un extraño olor a roída a pesar de que, el próximo año, para su puesta en marcha se incrementa el presupuesto del Ministerio. Se las prometieron muy felices cuando se aseguraba que el nuevo modelo de elección del Consejo General del Poder Judicial acabaría con la politización del tercer poder, pero aún no se han puesto de acuerdo PSOE y PP para renovar los cargos del Consejo General del Poder Judicial. Si la rapidez prometida de la nueva Justicia se va a parecer a la despolitización de los mecanismos de elección de sus órganos rectores, un carro de mulas cojas podría jactarse de más veloz. Y si la Justicia se reforma, será porque le habrá salido barba.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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