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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

Los detectives se van de vacaciones

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión31-07-2005

“Kathy, puedes marcharte”. Sacó el último cigarrillo, chascó la cerilla contra el marco del monitor de 17 pulgadas y una respuesta metálica del interfono silenció el adictivo sonido de la primera calada: “Gracias, Mr. Colson, hasta mañana”. Miró el jugueteo sensual del humo en su recreo por las rendijas de un sol de primero de agosto filtrado por la persiana. Un quejido de artríticas bisagras más allá del despacho anunció la triste y solitaria marcha de Kathy. Colson rescató un periódico que tamizaba la luz de su lámpara de mesa y buscó entre sus páginas. Encontró un anuncio de cirugía estética, imágenes grises suaves y poco texto. Pensó: “Niña, tienes tantas curvas… ¡y yo sin frenos!”. Era el anuncio perfecto. No por la chica, sino por el gris claro que dominaba la página: ideal para escribir encima y que destaque la letra. Inició su última lista. “El rapto de los helechos”, “Estudio en rosa palo” y “Chamberí confidencial” quedaron resueltos, aunque faltaba escribir el informe. Lo dejaría en manos de Conan, su ayudante, que además de no llevar espada y taparrabos resultó ser un lord inglés. Como todos los lores ingleses, muy ducho en venenos. “El misterio del hombre proclive” se lo pasaría a su colega Cooper. “La inteligencia desaparecida del Congreso” y “La verdad de la oposición”, quedaban por resolver. También anotó la visita pendiente a su tía moribunda, la postergada bajada de su basura con restos de comida de hace semanas y el mensaje urgente sin escuchar que parpadeaba en su teléfono rojo. Había leído en alguna parte que, cuando te marchas de vacaciones, conviene dejar anotado todo para desconectar y no preocuparte hasta tu vuelta. Total, sólo serían seis semanas. Acabó el cigarro al tiempo que la lista, descubrió, jovial, que podía apagarlo y dejarlo en la base de la lámpara de mesa recién reencontrada, junto con otros restos de droga legal. La lista quedó sobre la mesa. Dejó su traje, sombrero y gabardina grises en el perchero -desde marzo notó que ya iba siendo hora de aparcar esa ropa- y salió en pelota de su despacho. Marcó un número desde el teléfono de Kathy. La electricidad llevó el color y la voz por los cables hasta el otro teléfono de Kathy, en su casa, frente al despacho. Ella descolgó como quien espera la llamada de dios, o de Colson, que es casi lo mismo, solo que más viejo. “¿Sí?”. “Nena, oí en una canción que hasta Lou Reed llama a su novia, leí en un periódico viejo que hasta los detectives toman vacaciones y olí en tu perfume barato que eres la mujer de mi vida”. Sabemos que Kathy y Colson volverán al trabajo en septiembre. Sabemos que nuestro mejor yo, el más libre o entregado a sus seres queridos, puede aparecer en vacaciones. Sabemos que esto es un homenaje a un amigo… y a una amiga. Lo que no sabemos es si Colson, Kathy, Cooper o cualquier otro resolverán, alguna vez, el misterio de “La inteligencia desparecida del Congreso”.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach