ANÁLISIS DE DEPORTES
De la seguridad al sonrojo y el caos

Por Roberto J. Madrigal
2 min
Deportes19-06-2005
Michelin arriesgó al construir un neumático distinto que el empleado en años anteriores en Indianápolis, y la carcasa -es decir, la estructura del neumático en la banda de rodadura, que cubre la goma- no resistió el esfuerzo provocado por rodar a altísima velocidad en la entrada del óvalo de Indianápolis, la única zona de pista peraltada -es decir, inclinada hacia el interior para favorecer la estabilidad de los vehículos- de todo el Mundial. Con el fortísimo accidente del Toyota de Ralf Schumacher, que se fue contra el muro en dicha zona -la misma donde se fracturó dos vértebras un año atrás- y los gravísimos problemas de adherencia de otros pilotos, el fabricante no podía asegurar la duración del neumático más allá de siete vueltas, todo lo contrario que los japoneses de Bridgestone. Las discusiones fueron muy intensas, y aunque los equipos insistieron en competir, aun a riesgo de ser sancionados, con la propuesta de disponer una chicane para reducir la velocidad antes de la zona más rápida del circuito, donde más se dañaban los neumáticos, y que los equipos que sufrían este problema -todos menos Ferrari, Jordan y Minardi- fueran castigados con la pérdida de los puntos que pudieran conseguir en la carrera, la Federación Internacional (FIA) no accedió. De este modo, por seguridad, los monoplazas de McLaren, Renault, Toyota, Williams, BAR-Honda, Sauber y Red Bull tan sólo salieron a dar la vuelta de formación: luego entraron a los garajes y empezaron a desmontarlo todo para volver a Europa. El plante estaba hecho y los abucheos del público -que con toda la razón, se enfadó porque no había el espectáculo que debía haber y llegó a lanzar objetos a la pista- fueron una constante. Por supuesto, la celebración del podio también estuvo descafeinada: lo más destacado fue, casi, que Michael Schumacher -muy serio- y Rubens Barrichello no se dirigieron la palabra. Al margen de las sanciones que se impongan -y la FIA, que nadie lo dude, va a tener mano dura, aunque es de suponer que valoren el riesgo de no adulterar ni cargarse la competición-, lo cierto es que se va a precipitar una renovación en el espectáculo: la asociación de equipos saldrá reforzada y, si no antes, para 2008 -cuando termine el actual Pacto de la Concordia- se organice un nuevo campeonato, ajeno a la FIA y a Bernie Ecclestone. Por lo pronto, es muy probable que se acelere la propuesta de disponer un único proveedor de neumáticos -por eliminación, Bridgestone-, pero lo único cierto es que el espectáculo tan bochornoso, con las protestas del propio público, hará casi imposible la introducción de la Fórmula 1 en Estados Unidos y perjudicará su imagen en el resto del mundo. Y eso, siempre que una sanción demasiado dura desvirtúe las carreras: expulsar del Mundial a Michelin, por las bravas, supondría un problema para que los monoplazas de casi todos los equipos -desarrollados para unos neumáticos determinados- pudieran seguir compitiendo.






