SIN ESPINAS
Verdad y responsabilidad

Por Javier de la Rosa
2 min
Opinión19-06-2005
Dijo un político norteamericano: "Es mejor que tengan conciencia de que les estamos engañando, a que la tengan de lo que verdaderamente estamos haciendo". Sostengo que la responsabilidad es directamente proporcional al poder de actuación. El problema es que a veces se le atribuye demasiada responsabilidad a unas cosas y nula a las personas. Cuando se quiere desviar esa responsabilidad se suele atribuir a un sujeto abstracto e indefinido toda esa carga. Así se dice, por ejemplo: la manipulación informativa es culpa de los medios, de los políticos o de los periodistas. Que es lo mismo que no decir nada. La realidad es que la responsabilidad es siempre de las personas, puesto que a los animales, a las cosas o a los conceptos indeterminados -véase los medios- no se les puede exigir ninguna. Por eso, cuando se persiste en el engaño y en la manipulación a la que, sin ninguna duda, asistimos en la actualidad sólo podemos afirmar que son personas concretas las que no están interesadas en la verdad. Posteriormente, el lugar que ocupe esa persona en ese proceso determinará su grado de responsabilidad. Por lo tanto, podemos afirmar que las personas que son dueñas de un medio de comunicación o un grupo mediático son las primeras responsables de que la verdad o la mentira se propaguen. A su altura, están los empresarios que, con sus inversiones publicitarias o de capital, garantizan la pervivencia y el crecimiento de esos grupos; y los políticos que, con sus legislaciones y concesiones, promocionan su expansión o legitiman sus actividades. Todas ellas son personas con nombres y apellidos que podrían ser enunciadas al lado de las pruebas de sus fechorías legalmente toleradas. Todas esas son personas que tienen algo en común: no les interesa la verdad. O porque no creen en su rentabilidad e ignoran el beneficio para su existencia personal y empresarial; o porque simplemente la rechazan. A partir de ese principio se derivan las mediocres justificaciones de siempre para hacer lo contrario: es que lo hace todo el mundo, es que le damos a la gente lo que quiere ver, leer y escuchar. ¡Falso! No hay mayor necesidad en el ser humano que la de conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo, y quien diga lo contrario es que no ha dedicado un minuto a pensar la cuestión. Otra cosa es acostumbrar a la gente a que tolere una mentira como los niños soportaban el aceite de ricino de la postguerra. Otra cosa es habituar a las personas a vivir en las tinieblas de la desinformación, a marearlas con versiones tan extremamente contrapuestas que ni el termino medio entre ellas merezca credibilidad: porque de la suma de dos mentiras no resulta la verdad. A eso asiste hoy la civilización occidental: a la manipulación propagandista más potente y premeditada desde el nazismo goebeliano. La tolerancia cero y la denuncia sistemática para evitarlo es nuestra responsabilidad. Sea donde sea que estemos, debemos hacerlo con la certeza y Esperanza de que la verdad se abrirá paso.






