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NEGOCIACIÓN CON ETA

“NO en mi nombre“

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura4 min
España05-06-2005

Eran las 17:20 y aparentemente Madrid presentaba el aspecto de un día normal. Tan solo el incesante calor y un termómetro que marcaba 31º ponían la nota de color en lo que parecía una tarde más de principios de junio.

En el intercambiador de Moncloa, habitual zona de tránsito de la capital, tampoco se apreciaba nada fuera de lo común. No era hasta llegar al andén de la línea circular de metro cuando uno se empezaba a percatar de que algo estaba pasando. Más gente de lo normal, y sobre todo, más diversidad en el reparto de edades. Lo que un sábado a esas horas suele ser un carrusel de quinceañeros engalanados con sus mejores marcas y preparados para su dosis de discoteca semanal, ahora se les sumaban gentes de todas las categorías. Llamaba la atención ver como las reducidas medidas del vagón apretujaban a unos con otros. Grupos de adolescentes, con parejas de adultos, o señoronas con peinado de peluquería que, abanico en mano, daban aire a todo el que se pusiese a su alrededor. Recordaba por momentos a los vagones que van y vienen a los estadios de fútbol. De hecho, ese día jugaba España contra Lituania, pero lo hacía cuatro horas más tarde y en Valencia, por lo que las banderas rojigualdas tenían que ser para otra cosa. Bastaba prestar atención a los comentarios para deducir lo que minutos después se iba a vivir. Sin gritar, pero en ese tono lo suficientemente alto para que te oigan los que te rodean y escudada en la seguridad de que en ese momento todo el vagón le daría la razón, una mujer le decía a su marido: “Con este presidente, es que nos vamos a la ruina”. El hombre, con cara de agobio, parecía más preocupado por salir de esa ratonera cuanto antes. ¡Bien! ¡Bien! ¡Bien! Son las 17:40 y la calle López de Hoyos es un desfiladero de gente que camina en la misma dirección. Al llegar a la esquina con Príncipe de Vergara, la mirada sigue por inercia el recorrido del gentío para descubrir cerca de dos kilómetros de asfalto ocultados bajo las banderas y las pancartas de los manifestantes. Era la calle Príncipe de Vergara, llamada así en honor del General Espartero, político y militar del siglo XIX, que seguramente ni en sus mejores tiempos hubiese visto desfilar a tanta gente. Tan sólo quedaban libres las zonas donde se colaba el sol tras esquivar los edificios. Según la Policía Municipal, fueron 850.000; según la AVT, un millón; y según la Policía Nacional, 250.000. Pero al doblar aquella esquina, una de esas mujeres mayores no pudo reprimir un eufórico "¡Bien!" que repitió en otras dos ocasiones "¡Bien!, ¡bien!". Era su forma de celebrar el éxito de asistencia a la manifestación y de demostrar que a veces las cifras son lo de menos. La diversidad de edades seguía presente y es que la barbarie terrorista no conoce límites y 30 años de sin razón se han llevado por delante muchos niños, jóvenes, adultos y mayores. Fue una romería de cánticos y pancartas que dejaban muy claro el sentir de las víctimas y de la derecha española, que había llegado en autobús desde distintos puntos de España. También el Foro Ermua y otras plataformas cívicas y no tan cívicas como la Falange Auténtica, que pasearon sus brazos alzados en una concentración que no iba de eso. "Negociar es claudicar" Al lema oficial “Por ellos, por todos. Negociación en mi nombre ¡NO!” le respaldaban también un sin fin de pancartas anónimas en contra de ETA y en contra del Gobierno de Zapatero. La manifestación no era simplemente en recuerdo de las víctimas, sino en recuerdo de que “negociar es claudicar” como rezaban las miles de pegatinas que repartía la AVT. Los gritos de “¡presidente!, ¡presidente!" que le dedicaban a Rajoy eran otra prueba de que los que tomaron las calles y portaban pancartas eran en su mayoría votantes habituales del PP -igual que los de las manifestaciones contra la guerra de Iraq eran en su mayoría votantes de izquierdas-. No obstante una cosa era el sentir de la gente y otra la intención de la organización. Casi tres horas y dos kilómetros después, cuando la marcha ya tocaba a su fin, en plena plaza de la Republica Dominicana y bajo las palabras de Alcaraz e Isabel San Sebastián, convertidos en ídolos de masas, algo distrajo la atención de un sector de los que allí jaleaban a los dos protagonistas. De repente, un miembro de la organización ataviado con un peto fosforito comenzó a gritar "¡Que se vayan de aquí!, ¡que se vayan!". Se dirigía hacia un grupo de chavales de polo Lacoste y náuticos en los pies que portaban un estandarte que decía “ZP + PNV = ETA”. El caso es que no volvieron a mostrarla. Así terminó una concentración convocada por la víctimas y apoyada por el PP con la dieron su opinión sobre la nueva política antiterrorista. Luego España volvió a ganar 1-0 y a Lituania.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio