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ANÁLISIS DE LA SEMANA

El rebaño se desmanda

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura1 min
Economía01-05-2005

Seamos sinceros: ¿hasta qué punto es bueno para un partido político aceptar en su seno el pluralismo? ¿Cuál es el límite entre la opinión personal ligeramente desviada de la consigna central y el desafío explícito a ésta? José Luis Rodríguez Zapatero lleva por bandera la democracia, el buen talante, la disposición al diálogo y a la escucha de las ideas diferentes, pero a buen seguro que las veleidades de Pascual Maragall le deben de tener harto. Y más pensar en cómo contestar a su compañero de partido sin parecer autoritario. El pluralismo es una opción que resulta atractiva por su espíritu democrático y tolerante y por las elevadas opciones de desarrollo personal que ofrece al individuo. Pero algunos quieren pervertirlo y aprovecharse de él rompiendo las reglas que posibilitan que funcione, destruyendo el consenso en las bases. Y esto causa indignación entre los que no hacen trampas en la partida vital. Porque el que se salta el marco lo hace, casi siempre, con afán de imponer sus ideas a los demás. Así, cuando Maragall propone un nuevo sistema de financiación autonómica federalista entra en un ámbito que no le corresponde, que es potestad del Estado en conjunto decidir. Zapatero calla, porque mantener el pluralismo incluye la aceptación de lo expresado por los otros. Pero aquí yerra, porque no todo se puede consentir. No todas las opiniones son respetables. Y quizás con esta premisa no se pueda gobernar un partido político sin que haya ovejas que se desmanden, y sea mejor dejar claro a todos sus miembros lo sagrado de las instrucciones de juego. Aunque antes de explicárselas a los demás primero debe comprenderlas bien el jefe.

Fotografía de Gema Diego