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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

Benedicto XVI

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión25-04-2005

Los tópicos de conservadores y progresistas en la Iglesia vienen de confundir la religión con la política, el misterio divino con la ideología, el prejuicio con la realidad. Son todo diversas formas de idealismos, construcciones intelectuales que nos ayudan a etiquetar personas y situaciones sin necesidad de conocerlas. Vamos, un ahorro de neuronas y de reflexión muy importante para cerebros poco entrenados. Un ejemplo cotidiano de discurso fuera de la realidad es el que ofrece cada semana nuestra vice, María Teresa Fernández de la Vega. Esta vez mostró su ignorancia supina cuando en Las Cerezas de Julia Otero afirmó que la Iglesia con Juan Pablo II había abandonado a África. Nuestra De la Vogue sabe mucho de abrigos de pieles naturales, pero desconoce que la Iglesia Católica sostiene en África cerca de mil hospitales, 5.000 dispensarios, casi 300 leproserías, unos 9.000 orfanatos y una enorme cantidad de centros educativos que atienden a unos 15 millones de alumnos. Del cardenal Joseph Ratzinger se han dicho también muchas imbecilidades: guardián de la ortodoxia, ultra-conservador, pastor alemán, papa-nazi, intelectual alejado de la gente, etc. Todas estas etiquetas, sin embargo, se le caerán a cualquiera que se acerque de primera mano a la persona de este inteligente y humilde teólogo. A quienes le acusaron en su última homilía de cardenal “radical” y “pesimista” habrá que preguntarles si la leyeron. Pues en ella se sostiene que el Dios cristiano y vivo es el Dios de la misericordia y el amor, no el de la venganza. Los que le acusan de condenar a la teología de la liberación, habrá que preguntarles si leyeron las bellas palabras que escribió sobre ella, si conocieron sus visitas y entrevistas con aquellos teólogos, si atendieron a que en su condena explícita a algunos de aquellos planteamientos no había una enorme humildad en plegarse a las enseñanzas clásicas de Jesús. A quienes le acusan de no dialogar con su tiempo, habrá que preguntarles si han disfrutado del diálogo abierto y publicado, sin guión, sin conocer de antemano las preguntas, con periodistas, filósofos ateos como Habermas, teólogos no ortodoxos, líderes de otras religiones, etc. En una de aquellas entrevistas, preguntaron a Ratzinger: - ¿Cuántos caminos hay para llegar a Dios? Y el guardián de la ortodoxia, el pastor alemán, el radical y conservador, contesto, de inmediato: - Tantos como personas. En cualquier caso, todos estos críticos olvidan que el cardenal Ratzinger ya no existe. Que aquel cardenal tiene un nuevo nombre, una nueva misión y una nueva vocación. Que Benedicto XVI es la misma persona, pero con otra tarea. Por eso, incluso quienes le conocen bien, esperan sorpresas. Claro, para saber esto, hace falta movilizar más de media neurona.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach