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ANÁLISIS DE LA SEMANA

Ejemplo de políticos

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura1 min
España10-04-2005

Un proverbio chino contaba algo así: Dime algo y lo olvidaré. Demuéstramelo y lo recordaré. Implícame, y lo entenderé. En una Escuela de Verano de la Fundación IUVE decían algo parecido: las palabras vuelan, el ejemplo remueve. Y luego se contaba el chiste de la gallina y del cerdo: ¿Quién de los dos está más implicado en unos huevos fritos con bacon? El cerdo: porque está comprometido dando una parte de sí mismo, mientras que la gallina sólo está implicada. En fin: todo para constatar un hecho: que las obras valen más que las palabras, en primer lugar -¡Míralos cómo se aman!, decían de los seguidores de Cristo- y, en segundo lugar, que ni las palabras ni las obras de otros, sino el compromiso con un quehacer, es lo que con más probabilidades puede hacernos entender el sentido: implícame y lo entenderé. No se han desplazado a Roma miles de personas –el sueño de todo hombre público- para encontrarse con Juan Pablo II: han ido a encontrarse con Cristo, al que han reconocido en Juan Pablo II cuando éste ha partido su pan: cuando se ha partido, definitivamente, dejando este mundo para pasar a otro nuevo. Lo entiende quien está implicado. Ni porque fue un gran orador, o un gran comunicador, o un gran amigo de los jóvenes; ni porque fue un dominador de la escena, ni porque dijo las cosas claras y de forma sencilla, ni por cómo miraba es verdaderamente Juan Pablo II un ejemplo para la política y los políticos. Más bien porque no pretendía llevar a los hombres hacia sí, sino a algo que está por encima de Él y que da sentido y es fuente de todo lo demás, que es Cristo y es Dios y es, en definitiva, el sumo bien.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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