ANÁLISIS DE LA SEMANA
Hartos del Papa

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad10-04-2005
Durante una semana el mundo ha tenido que contemplar la muerte a través de un cadáver. La imagen de Karol Wojtyla fallecido, la del viejo testarudo que no se bajó de su cruz, la del enérgico polaco que buscó la verdad continuaba dando testimonio a través del rostro de un cadáver. El mundo de la violencia, de la injusticia, la sangre, el egoísmo y el materialismo no está acostumbrado a la muerte. Dicho de otro modo: a la humanidad la inquieta este tipo de muerte serena, en paz. Por eso chirría en la pantalla de la televisión la imagen del difunto Papa, del querido Wojtyla, del testarudo pontífice que defendió a ultranza el mensaje de amor de Cristo. A ultranza lo defenderá, si Dios quiere, quien ocupe la silla de Pedro en unos días. La Iglesia ha perdurado veinte siglos no por los graves errores de sus papas, sino por la grandeza del mensaje que dicta al mundo en cada tiempo de la historia: el mismo mensaje, ni de izquierdas ni de derechas, tan clásico y tan moderno, tan para el hombre, tan de verdad. El mundo está harto de tanta imagen del difunto Papa. Quizás sea porque los medios de comunicación nos hemos tirado de cabeza a una batalla por ser los primeros, aunque hubiera que matar antes de tiempo al pobre Wojtyla; por sacar tres pies al gato, aunque hubiera luego que rectificar aquello de que el Papa no quiso dimitir; por sembrar dudas respecto a una institución como la Iglesia y restar importancia a una persona que sembró durante 26 años de papado y que recogió la cosecha cuando su apariencia fue la de un cadáver. La presencia en su entierro de mandatarios de todo el mundo, representantes de las culturas y religiones y más de cuatro millones de personas anónimas que acudieron a Roma el 8 de abril no se explica fácilmente. Lo que significaba aquel cadáver del viejo papa testarudo que no quiso apearse de su cruz ni del mensaje que tenía que llevar a todos los rincones del mundo sólo puede tener una gran respuesta. Verdaderamente detrás del hombre Wojtyla estaba Dios. Por eso estamos hartos del Papa, porque su cadáver, su testimonio y su vida nos hace pensar en Dios y nos horroriza hacerlo. Wojtyla nos diría que no tengamos miedo.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






