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ANÁLISIS DE LA SEMANA

Apresados por ETA

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
España23-01-2005

Que la manifestación contra ETA convocada por la Asociación Víctimas del Terrorismo derivara en conductas reprobables no deslegitima la intención de su convocatoria ni el valor de su mensaje: “Memoria, dignidad y justicia”. Sí resulta sospechosa la ausencia de representantes de víctimas del terrorismo, como el Alto Comisionado para las víctimas, Gregorio Peces Barba, o Pilar Manjón, portavoz de la Asociación de Víctimas del 11-M, ambos socialistas, y refleja una falta de unidad y de transparencia en la lucha contra el terrorismo, especialmente lamentable cuando esta semana ETA ha vuelto a atentar. Se paga un alto precio cuando la política se convierte en estrategia electoral, cuando se adultera y prostituye su alta misión, que es la consecución del bien común. La decisión de asistir o no a una manifestación de estas características debería responder a la verdad de su mensaje. En el caso concreto que nos ocupa, el valor absoluto de la dignidad de la persona y de su vida, la reivindicación de que el terrorista asesino cumpla la pena proporcional al daño causado y de que el gobierno no negocie con el asesino de tu padre, de tu madre o de toda tu familia son valores y motivos razonablemente altos y nobles como para que las diferentes sensibilidades políticas puedan pasar por alto sus diferencias circunstanciales y sus intereses particulares a fin de aprovechar los espacios de encuentro que la sociedad les ofrece, y devolverles a los ciudadanos la confianza que en ellos se delega para protegerles y restaurar las injusticias perpetradas por los asesinos. Pero salvaguardar los derechos y hacer justicia hoy a las víctimas de ETA es demasiado costoso para algunos políticos y para algunos partidos. Las personas nos importan un carajo y lo único que merece los desvelos de algunos es mantener bien caliente el sillón del poder. Ciertamente el mensaje de la AVT era claro y contundente, y no todos los partidos políticos podrían rubricar sus proclamas, por más que sean del todo ajustadas a lo que nuestra Constitución establece. En la manifestación se habló de que España es una nación: “Nadie nos la va a quitar (...) Hemos dado la sangre de nuestros hijos para ser una nación unida, no dividida”. También se acusó indirectamente a algunos partidos, al afirmar que “no todos los políticos son iguales. Porque no todos hacen apaños ni firman pactos con asesinos, ni albergan a terroristas en las instituciones". Es una desgracia constatar que parece haber víctimas de primera y de segunda clase en función de la banda terrorista que los mandó derechitos a formar parte de unas siglas que ninguno desearía llevar por bandera. A estas alturas del drama, hay quienes no pueden, libremente, hacer la justa defensa que merecen las víctimas de ETA. Gobierno y PSOE siguen presos del nacionalismo catalán y vasco. Por desgracia, y de rebote, también presos de ETA.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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