CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR
Salamanca

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión09-01-2005
Gobierno popular. Entrado el siglo XXI y creado el Archivo Nacional sobre la Guerra Civil, sito en Salamanca, los nacionalistas catalanes se sienten afrentados y reclaman la propiedad de algunos de los documentos allí protegidos. Es nombrada una comisión de expertos que se reúne durante casi años, visita el archivo y los documentos y concluye, el 22 de julio de 2002, que los documentos deben permanecer en Salamanca. No sólo por lo absurdo de reclamar sobre documentos y posesiones pasadas, sino porque el sentido de un archivo general es, precisamente, custodiar juntos todos los documentos, para su fácil estudio, comparación etc. Éstas, y tantas otras razones. Incluso del salmantino ilustre del PSOE Jesús Caldera, quien sostuvo que los papeles del archivo saldrían de Salamanca sobre su cadáver. Gobierno socialista, sostenido por los votos del tripartito nacionalista catalán. En la cuarta cláusula del pacto del tripartito está resucitar el fantasma de los papeles de Salamanca. Nuevo “consejo de expertos” que en solo mes y medio -tres reuniones, y algunos de los miembros no han pisado el archivo nunca- dictaminan lo contrario. El mismo Jesús Caldera sostiene que los papeles deben estar donde deben estar: en Cataluña. El alcalde de Salamanca no se calla: rodea de vallas el archivo -para reparar las baldosas, dice- y sostiene que de Salamanca no va a salir un solo papel. Salamanca es una ciudad pequeña, de provincias. Pero es también una ciudad universal, por su cultura, su apertura, sus costumbres, su clara identidad salmantina, española, europea, internacional. No en vano es una de las 109 ciudades Patrimonio de la Humanidad (Unesco). Por eso no tiene complejos, ni se salen del tiesto, ni necesitan hacer ruido para sentirse algo, ni tienen complejos de inferioridad que les lleven a la pataleta del solicitar privilegios. Salamanca es provinciana y pequeña y apenas importa a los políticos cazadores de votos. Pero Salamanca es universal, tranquila y elegante. En Salamanca no hay políticos paletos, rencorosos, egocéntricos y crispados. Cuando los hay, nadie les vota.






