ANÁLISIS DE LA SEMANA
Ni para coger carrerilla

Por Gema Diego
2 min
Economía02-01-2005
Una vez que le he dado la vuelta a la primera página en blanco que me ofrece este año 2005, ya no quiero mirar atrás, no voy a ir hacia atrás ni para coger impulso. Cuando suenan las campanadas de un nuevo año, parece que llega el momento perfecto –al igual que el de la vuelta al cole, por supuesto- para hacer planes, para rediseñar la trayectoria personal. Dan ganas de coger un lápiz y dibujar apretados garabatos como los sueños del parvulario. Es el día de la creatividad humana, de la ecuación vital, de los planteamientos filosóficos. El momento del repaso, del recuerdo de lo conseguido durante el año, del lamento de lo perdido, de la lágrima nostálgica y de la sonrisa involuntaria, perdida entre las muecas de las comisuras. El día en que las bolsas hacen balance, y los inversores, satisfechos, cierran con delectación dos ejercicios consecutivos de ganancias. Es la hora de rascarse el bolsillo en busca de viejas monedas con las que tomarse las primeras copas del año. El momento de recordar cuándo uno bebía una cerveza por menos de 200 pesetas –y de enfadarse con tibieza porque ahora cuesta, como poco, dos euros-. Y así ha pasado con todo, comida, ropa, calzado… De vez en cuando, uno sigue calculando de forma involuntaria equivalencias obsoletas e inservibles para la razón, mas valiosas para el corazón. El pasado ya es pasado, y el futuro es flamante para las monedas jóvenes. Llega el tiempo de tirar viejas facturas, recibos, compras en gasolineras. De serenarse tras los sustos que nos dio el petróleo. De pensar en cerrar capítulos de un camino para adentrarse por otro aún no explorado. De observar con un café y una manta que hoy el día es un poco más largo y que los rayos del sol van ganando fuerza a la espera de una nueva primavera. Todo eso ya lo hice, y sólo quiero suscribir para mí, y para todo el que desee compartirla, la primera frase de este texto. Los mercados y el euro ya se han apuntado al carro, al menos por unos meses, según vaticinan los analistas. Y yo ya sólo voy a recordar, pero no a imitar el pasado, pues pretendo escudriñar un futuro que aún se me presenta entre nieblas. No iré para atrás ni para coger carrerilla. Aunque lo que obtenga no me dé ni para juntar el salario mínimo.






