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OTAN

La Alianza Atlántica crea una Fuerza de Respuesta Rápida defensiva

Fotografía El secretario general de la OTAN, George Robertson

El secretario general de la OTAN, George Robertson

Por Vicente García GandíaTiempo de lectura2 min
Internacional22-11-2002

Cuando el 12 de septiembre de 2001 se apelaba al artículo V del Tratado del Atlántico Norte no hacía más que empezar una reforma que hoy está cada vez más cerca. En efecto, después de los atentados contra el World Trade Center, algunos de los enemigos tradicionales se convirtieron en nuevos aliados y surgieron nuevas amenazas.

Esta situación es la que, según Bush, ha situado a Europa en una disyuntiva clave para el futuro de la Alianza y de las relaciones entre el Viejo Continente y EE.UU.: "asumir responsabilidades globales o vivir aislados de los desafíos de nuestro tiempo". El resultado: la creación de una Fuerza de Respuesta Rápida propuesta en un primer momento por el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, que supone posiblemente la transformación más importante en la historia de esta alianza de 53 años. La nueva fuerza estará operativa, según el comunicado emitido en la Cumbre de Praga, "lo antes posible, pero no después de 2004 y completamente operativa no después de 2006". El dispositivo estará integrado por 20.000 efectivos capaces de actuar en cualquier parte del mundo en menos de 20 días y preparados para soportar cualquier condición durante dos meses hasta la llegada de refuerzos. El comunicado de los jefes de Gobierno reunidos en Praga asegura además que la nueva fuerza será "flexible, desplegable, interoperativa y apta para sostener operaciones prolongadas y que comporten elementos terrestres, marítimos y aéreos listos para transportarse rápidamente a cualquier lugar que sea necesario". La profunda transformación viene dada por cambios sustanciales en la esencia de la OTAN. La maquinaria de la Alianza ya no será estrictamente reactiva ni se limitará a defenderse de los ataques contra alguno de los miembros. La financiación de esta nueva OTAN abre a partir de ahora el debate sobre las diferencias que hay en el fondo de la transformación: EE.UU. busca una mayor implicación económica del Viejo Continente porque de lo contrario la alianza con Europa acabaría convirtiéndose en un gasto adicional que el Ejecutivo de Bush no parece dispuesto a soportar. Aparece la necesidad de un nuevo compromiso que, según la Administración estadounidense y el secretario general de la OTAN, Lord Robertson, tiene que reflejarse en los presupuestos de los socios europeos. A la espera de que se alcance el acuerdo final sobre la nueva estructura de mandos, a España se le ha asignado el cuartel de despliegue rápido de Bétera (Valencia). Mientras tanto, el futuro de los mandos subregionales de Retamares y Torrejón tendrá que esperar hasta la reunión de los ministros de Defensa aliados que tendrá lugar en la primavera de 2003. De no acometerse este giro fundamental y que afecta a la esencia de lo que un día fue la Alianza, la OTAN puede acabar convertida en un simple foro de discusión teórica muy alejado de la verdadera unión entre EE.UU. y Europa, en el que la Administración estadounidense cada vez tendrá menos interés.