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SIN CONCESIONES

Matar al mensajero

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión20-05-2001

ETA vuelve a equivocarse. Erró antes de las elecciones, en Lasarte. Mató de un tiro en la nuca al teniente alcalde de la localidad. Era socialista. Falló durante la campaña electoral, en Zaragoza. Asesinó de tres disparos al presidente del PP de Aragón. Lo acribillaron ante la presencia de su hijo pequeño. Me cuentan amigos suyos que, desde entonces, ya no sonríe. Pero también cometió otro error, justo después de los comicios. Fue en Zarautz, con un paquete bomba. Mutilaron a un compañero, a un periodista, a Gorka Landaburu. Le arrancaron tres dedos y le llenaron el cuerpo de heridas. No querían matarle. Sólo limitarle el desarrollo de su profesión. Un periodista sin manos es como un futbolista sin pies. Pero, otra vez, volvieron a equivocarse. Gorka ha demostrado entereza y valor. Tranquilidad y sacrificio. Superación y humildad. Sabe que le falta algún dedo pero está más consciente que nunca. Su claridad de pensamiento nunca se había mostrado de manera tan transparente. Pensaban que no volvería a escribir. Pero Gorka ya ha diho que aprenderá a ser zurdo. Imaginaban que huiría de miedo. Pero Gorka ha insistido en que su única tierra es el País Vasco. Creyeron que sellarían sus labios con dinamita. Pero Gorka ha ejercido su libertad de expresión más en esta semana que en toda su vida. ETA se equivocó de objetivo y de persona. Aún no se ha dado cuenta de que matar al mensajero no significa matar el mensaje al mismo tiempo. El futuro del País Vasco está ahora en manos del lehendakari en funciones y futuro presidente del Gobierno de Vitoria. Juan José Ibarretxe tiene la llave hacia el futuro. Suya será la decisión de cerrar la puerta a ETA o dejarla entrar an Ajuria Enea para dialogar. Durante la campaña, prometió dar la espalda a los violentos. También se habló de otra posible tregua trampa en caso de que venciera el PNV. Pero parece que, antes, la banda armada quiere saldar sus cuentas pendientes. Gorka era una de ellas. Aunque se equivoca. Detrás de Landaburu estamos miles de periodistas más. Si él no puede escribir, tendrá a lado un compañero a quien dictárselo. Si él quiere hablar, alguien le cederá siempre un micrófono. Una vez más, erraron. Quisieron matar al mensajero y tan sólo han avivado su mensaje. Ahora, los principios de Gorka tienen más sentido que nunca.