Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

REFORMA OBAMA

Los republicanos actúan para dificultar los planes de la Casa Blanca

Por Selene PisabarroTiempo de lectura3 min
Internacional22-11-2014

Obama no lo tiene fácil. Los republicanos se enfrentarán a él con uñas y dientes, si es necesario. Mientras, los intentos del presidente por sacar adelante una ley que regule la migración en EE UU, es cada vez más complicada. La oposición se plantea rescindirle los presupuestos anuales, llevarle a juicio o incluso un nuevo cierre del Gobierno.

Aunque muchos opinan que el nuevo decreto sobre inmigración que ha planteado el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, dista mucho del Obamacare –o ley sobre la salud-, los frentes se han abierto. Esta última ley, originó un descontrol en el gobierno de EE UU el año pasado, lo que causó su cierre durante tres semanas. Esto ha sucedido en 17 ocasiones desde 1976 y en 1996, con el presidente Bill Clinton, duró 21 días. La reforma de la ley de migración no quedará en balde y las críticas al nuevo plan de Obama son cada vez más fuertes por parte de la oposición. John Boehner, el presidente de la Cámara de Representantes, ha planteado esta nueva situación de la misma forma ya que existe un plazo máximo –hasta el 11 de diciembre- para aprobar los presupuestos generales para el próximo año. El partido republicano no tiene pensado dejar las cosas tan fáciles a Obama que, a través de un decreto, pretende implantar una nueva norma que no ha sido aprobado por la mayoría de la Cámara Baja ya que no cuenta con la suficiente representación demócrata. Uno de sus compañeros de partido, el senador y aspirante a la presidencia en 2016, Ted Cruz, ha advertido de que hará todo lo posible para bloquear el decreto. Su agrupación afirma que el único arma del que disponen ahora es la aprobación de los presupuestos, por lo que van a luchar para que el presidente no imponga sus políticas sin el consenso de la nación. También está la opinión de otros republicanos que se niegan a que vuelva a suceder otro cierre de gobierno porque no funcionó y de esta forma solo se consigue una mala imagen para la oposición, que ahora mismo tiene el control de dos tercios de la Cámara Baja. Incluso hay quien piensa, como el senador y precandidato a las presidenciales, el republicano Rand Paul, que se puede barajar la opción de llevar a Obama a juicio por abuso de poder. No es la primera vez, ya que el líder demócrata ya se enfrenta a un juicio de la oposición por la Obamacare, por lo que solo tendrían que ampliar la demanda. Otra de las opciones que se barajan es la aprobación de los fondos presupuestarios pero con una rescisión. Esto sirve para que el próximo año, cuando el partido republicano tenga la mayoría en las dos cámaras, puedan quitar sumas de dinero en las áreas ejecutivas con las que esté relacionado el decreto. Se trata de una opción que no se emplea desde 1990. Los ultraconservadores del Tea Party también sopesan cesar al presidente, algo mucho más difícil, ya que no solo se necesitaría la aprobación de la cámara baja, sino también dos tercios de los votos del Senado. El gobierno de Obama, aún más complicado Mientras, para Obama esta reforma es esencial para que obtengan el permiso de residencia casi cinco millones de personas en EE UU. No es la primera vez pero sí la más reciente, ya que no se elaboraba una norma así desde hace casi treinta años cuando el presidente republicano, Ronald Reagan, firmó una Ley de Reforma y Control de Migraciones en 1986 y su sucesor George H. W. Bush. Ahora que dos tercios de la Cámara de Representantes están controlados por los republicanos, la tarea de gobernar para Obama será mucho más cruda ya que la oposición pretende no solo eliminar la cobertura médica, sino también endurecer las medidas contra los inmigrantes, prohibir el aborto y prohibir la venta de armas en numerosos casos. Ahora que se acerca el límite para aprobar los presupuestos anuales, el presidente se enfrentará a la mayoría republicana de la Cámara Baja, aunque aún cuenta con el apoyo de la mayoría demócrata del Senado.