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VIOLENCIA MACHISTA

Las adolescentes se convierten en las principales víctimas de abusos

Por Beatriz Álvarez GallardoTiempo de lectura3 min
Sociedad07-04-2014

Las instituciones de prevención y lucha contra la violencia de género lo tienen claro: las mujeres jóvenes se han convertido en un alarmante sector de riesgo a la hora de padecer actitudes abusivas por parte de sus parejas. De las 48 mujeres fallecidas en 2013 a causa de malos tratos, 13 tenían menos de 30 años. De estas últimas, dos contaban entre 17 y 18 años, y otra, apenas 16.

El 2013 ha aumentado en un 5% el número de menores juzgados por violencia machista. Más de 150 adolescentes fueron enjuiciados, y se aplicaron medidas contra 130 de ellos, según datos del Observatorio contra la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial. De hecho, el 10,5% de los procesados en el primer semestre de 2013 no habían cumplido los 16 años. Con ellos superan ya el millar los adolescentes que han sido llevados a juicio por abusos desde 2007. Por si fuera poco, casi una de cada tres adolescentes españolas, el 28,8%, se siente excesivamente controlada por su novio, informa la Delegación del Gobierno en Madrid. El porcentaje de chicas que admiten haber sufrido conductas violentas como haber sido insultadas o ridiculizadas ha aumentado de un 14% a un 23% entre 2010 y 2013. El 22% de las jóvenes asegura haberse sentido presionada para alejarse de sus amistades. Los autores de los estudios coinciden en apuntar a un problema cultural como fondo de este fenómeno. Los prejuicios sexistas que permanecen fijos en la mente de los más jóvenes, así como estímulos difundidos a través de la publicidad y los medios, en los que la mujer suele observarse como un objeto o posesión, colaboran a la persistencia de ideas relacionadas con la agresividad y la dominación de un sexo sobre otro. Por ejemplo, el número de los que justifican la violencia es tres veces mayor entre chicos que entre chicas. El 31% de los jóvenes se muestra convencido de que el hombre que parece agresivo es más atractivo. El 37,9% considera justificado agredir a alguien que te ha ofendido, mientras que hasta el 44% defienden la violencia contra “quien te ha quitado lo que es tuyo”. También entre los hombres calan más hondo los prejuicios sexistas: uno de cada cinco chicos creen que los hombres no deben llorar. Igualmente, el 20% de los adolescentes españoles considera que está bien que “un chico salga con muchas chicas”, pero no al revés. Al mismo nivel se cuentan los que opinan que “si una mujer no abandona a su maltratador, es porque no le disgusta tanto esa situación”. Muchos menos, un 6,7%, son los que aceptan que un hombre ataque a su mujer o novia cuando esta decide abandonarle. Aun así, sorprende y alarma el hecho de que hasta el 26,6% de los jóvenes consideren que la violencia que se produce en casa es un asunto de la familia y no debe salir de ahí. En todos estos casos, las autoridades han apreciado un significativo papel de las nuevas tecnologías como vías para ejercer el control sobre la pareja. El 25% de las chicas admiten que su novio o exnovio las vigila a través del teléfono móvil, hasta el punto de determinar con quién hablan o cómo visten. Casi el 10% de los chicos afirman haber enviado mensajes amenazadores por redes sociales, y hasta el 14,8% de las chicas confiesa que su pareja o expareja ha hecho uso de sus claves en redes sociales para enviar mensajes ofensivos a amigos o conocidos, o para difundir fotografías comprometedoras. Los psicólogos y expertos aseguran que estas actitudes deben ser eliminadas de raíz de la mente de los más jóvenes. Para ello, consideran necesario actuar, en primer lugar, sobre los agentes socializadores: padres, escuelas y medios de comunicación. Coinciden en que buena parte del incremento de las cifras se puede deber también a una mayor concienciación social de la realidad del maltrato por parte de los jóvenes, que los lleva a denunciar cada vez más abusos. En cualquier caso, los datos revelan que es de vital importancia seguir trabajando en esta dirección para eliminar los prejuicios sexistas y las actitudes agresivas de este sector de población especialmente vulnerable.