10 ANIVERSARIO 11-M
España mantiene activo el nivel 2 de alerta por amenaza terrorista
Por Beatriz Álvarez Gallardo
3 min
España12-03-2014
Una década después de los atentados del 11 de marzo de 2004, la amenaza del terrorismo islámico en España es aún muy elevada. En concreto, España mantiene activa una alerta de nivel 2 en la prevención de ataques yihadistas. El Ministerio del Interior considera probable un intento de atentado dentro de las fronteras del país, aunque ha asegurado que el nivel de amenaza y riesgo no está focalizado en España, y que es muy similar al que registran el resto de países de la Unión Europea.
La presencia en España de células yihadistas, dedicadas a expandir la ideología islamista radical, se remonta a la década de 1990, cuando era llevada a cabo sobre todo por agentes argelinos que buscaban captar adeptos y “mártires” para su guerra contra Francia. Desde 1995, las fuerzas de seguridad han arrestado a 472 presuntos yihadistas, muchos de ellos relacionados con la tragedia madrileña de 2004. En la actualidad, el número de musulmanes -que no radicales- en España ronda el millón y medio de personas, aproximadamente el 3% de la población del país, según datos publicados por el Observatorio Adalusí (UCIDE), a los que habría que sumar los que se encuentran residiendo en España de forma irregular. En su mayoría proceden de Marruecos, Argelia y otros países del Magreb, Pakistán y el África subsahariana; y se prevé que en periodo en 2020 alcancen los dos o tres millones de personas. De entre los musulmanes residentes en territorio español, el 81% afirma estar acostumbrado y adaptado a las costumbres españolas, según recoge un estudio elaborado por Metroscopia para los Ministerios de Interior, Justicia y Empleo. El 94% apoya la idea de que el esfuerzo por adaptarse a otras creencias tiene que ser de todos, y el 77% se muestra convencido de que musulmanes y cristianos se esfuerzan por lograr un entendimiento. Asimismo, el 94% sentencia que nunca se deben llevar a cabo actos violentos para defender creencias religiosas, mientras que tan solo el 4% expresa opiniones radicales, junto a un 1% que no desprecia la violencia. Terrorismo islámico y "guerra contra el terror" El ataque del 11 de marzo de 2004 en Madrid se enmarca en una serie de grandes atentados realizados por terroristas islámicos desde el cambio de siglo. Unos ataques iniciados con la terrorífica colisión de dos aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, en Washington, el 11 de septiembre de 2001. Tras el 11-S y el 11-M tuvo lugar otro atentado, esta vez en Londres el 7 de julio de 2005. Los tres fueron reivindicados por Al-Qaeda y acabaron con un total de 3.220 vidas. Los expertos afirman que tras la guerra religiosa reclamada por los islamistas, el fondo revela un enfrentamiento de civilizaciones. Es el caso del comandante Óscar Tarrero Alonso, quien afirma que el yihadismo “no busca la independencia, ni el derrocamiento de un dictador, ni tampoco cambios estructurales en la economía o en la sociedad. Busca la destrucción de otro modelo de sociedad y sueña con instaurar un nuevo mundo sobre los escombros del viejo”. La lucha contra el yihadismo en la actualidad, por tanto, se lleva a cabo sin perder de vista ese trasfondo de “terrorismo de civilizaciones”. Son muchos los que han querido ver en este nuevo siglo un resurgimiento de la estructura de bloques de la Guerra Fría, ya no encarnada en una lucha socioeconómica sino socio-político-religiosa: Occidente frente a Oriente, democracia y liberalismo frente al islam. En esta situación, Estados Unidos declaró tras el 11-S su “guerra contra el terror”, que básicamente se centra en la detección de activismo terrorista en cualquier parte del mundo y en su eliminación. Esta campaña estadounidense cuenta con el apoyo de varios miembros de la OTAN, y busca como objetivo final la destrucción de cualquier forma de terrorismo internacional, centrado en la persecución de las organizaciones terroristas declaradas por la ONU, así como del patrocinio del terrorismo por parte de los estados. No obstante, son muchas las voces que se han alzado ya denunciando los métodos empleados por EE.UU. para la consecución de su fin, sobre todo en referencia a los ataques de drones (aviones no tripulados) que, según diversas informaciones, podrían haber acabado con la vida de población civil en zonas aisladas de Afganistán y Pakistán; lo que de ser cierto constituiría a su vez delitos de terrorismo de Estado y crímenes contra la Humanidad.





