10 ANIVERSARIO 11-M
11 de Marzo de 2004: unos minutos que pararon trenes de vidas
Por Andrea Muñoz Martín
2 min
España11-03-2014
Faltaban apenas unos minutos para las siete de la mañana cuando una furgoneta modelo Renault Kangoo aparcó próxima a la estación de tren de Alcalá de Henares. El conductor y otras dos personas bajaron del vehículo portando varias bolsas y mochilas. Dentro de cada una de ellas: 10 kilogramos de Goma-2 ECO –dinamita-, un Motorola y un detonador electrónico. Los tres atravesaron los tornos y se dirigieron al andén donde se inicia el trayecto desde Alcalá hasta la estación de Atocha, Madrid. Los macutos fueron depositados en cuatro trenes que, a partir de las 7.01 y durante los 15 minutos siguientes, partieron con destino al centro de la capital. En otros puntos del trayecto, más bolsas fueron colocadas en los vagones. Un total de trece. Era jueves por la mañana y miles de personas utilizaban los servicios de Cercanías para dirigirse a sus puestos de trabajo. Algunos de ellos, recordarían esa mañana para siempre; otros, simplemente, no tendrían esa suerte. Era 11 de marzo de 2004.
Caos, gritos, frustración. En definitiva, dolor. Muchos han sido los testimonios de las víctimas, tanto directas como indirectas, que han relatado lo acontecido de aquel día. Diez años después, estas historias siguen manteniendo la intensidad y la fuerza de quienes padecieron el atentado terrorista más violento de la historia de la democracia en España. En total, 191 fallecidos y 1.857 heridos en las explosiones que se produjeron en las estaciones Atocha, la calle Téllez, El Pozo y Santa Eugenia. Una cifra a la que, unas horas más tarde, habría que sumarle un muerto más: el GEO Francisco Javier Torrenteras, que falleció en la explosión en la que siete terroristas se inmolaron en un piso de Leganés. Todos ellos eran sospechosos de haber participado en el atentado. Durante el registro posterior de la vivienda -o de lo que quedaba de ella-, la policía halló detonadores y explosivos idénticos a los utilizados en los trenes, así como grabaciones reivindicando la autoría del 11-M. También fueron encontrados vídeos de Al Qaeda. En las siguientes horas, gracias a los restos biológicos, las huellas dactilares y la documentación intervenida –pruebas que fueron detectadas por la policía, principalmente, en las bolsas con explosivos que no estallaron y en los vehículos utilizados por los terroristas-, los cuerpos de investigación dedujeron que el atentado había sido perpetrado por una célula yihadista. Aun así, durante los días siguientes, surgieron todo tipo de teorías sobre la supuesta autoría del atentado, algunas de ellas, sostenidas por partidos políticos de distinta índole que, tal y como se criticó y demostró más tarde, respondían más a intereses electorales que al afán real de descubrir la verdad sobre la tragedia. El atentado hizo que 12 millones españoles salieran a la calle en una de las manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan en España para mostrar su indignación con la barbarie y también con los interrogantes que giraban en torno a las investigaciones. Tres años y tres meses después, la Audiencia Nacional dictó sentencia –a la que le siguió una apelación final del Tribunal Supremo-. En total, 18 personas fueron condenadas. La mayoría tenían “dependencia ideológica respecto a los postulados defendidos por Al Qaeda”, según la Audiencia Nacional, aunque también negaba que existiera “relación alguna de carácter jerárquico con otros grupos o con otros dirigentes de esa organización”. A día de hoy, diez años después, todavía no se conoce cuál fue la motivación exacta que llevó a esta célula a poner en marcha el atentado. Teorías conspirativas aparte, lo cierto es que, por primera vez, las asociaciones de víctimas, partidos políticos y sociedad han dado una imagen de unidad para recordar a aquellas personas, que a día de hoy, en palabras de Pilar Majón –presidenta de la Asociación 11M- “no se ha bajado de los trenes”.





