COOPERACIÓN
El secuestro como medio para alcanzar dinero u otras recompensas
Por Selene Pisabarro
3 min
Sociedad22-07-2013
Además del secuestro de las dos cooperantes, en los últimos años otros españoles han sido privados de libertad fuera de España. Piratas somalíes, grupos armados o células de Al Qaeda deciden retener a turistas, cooperantes, periodistas o pescadores para alcanzar fines económicos e, incluso, conseguir la liberación de presos. El Gobierno siempre ha permanecido hermético para no poner en riesgo la vida de los que luchan contra estos delitos.
El 17 de mayo, Ángel Sánchez y María Marlaska, dos turistas asturianos fueron retenidos en contra de su voluntad en Colombia. Desde hace diez años, al menos dieciocho españoles han sido secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a pesar de que éstas, en un comunicado oficial, negaron desde el primer momento ser los autores ya que no persiguen fines económicos. Hasta ahora, la policía ha detenido a dos empresarios de nacionalidad española y siria que como los responsables. Más suerte tuvieron los dos enviados especiales de El Periódico de Catalunya, Beatriz Mesa y Danny Caminal, que cubrían el secuestro de dos voluntarios catalanes en Mali. Los periodistas tuvieron que abandonar Gao en marzo de 2010 gracias a la advertencia del alcalde, que les avisó de que el grupo de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) planeaba capturarlos. El Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental liberó ese año a quienes llevaban alrededor de nueve meses secuestrados, Ainhoa Fernández y Enric Gonyalons. Otra lucha constante que mantiene el Gobierno es contra los piratas somalíes. El caso más sonoro es el del barco Alakrana, secuestrado el 3 de octubre de 2009 con 36 tripulantes a bordo, de los cuales, 16 eran españoles y el resto procedentes de Indonesia, Ghana, Senegal, Costa de Marfil, Madagascar e Islas Seychelles. La Armada española logró liberarlos 47 días después y, desde entonces, el Ejecutivo ha aumentado la seguridad para los barcos pesqueros que operen en esa zona de conflicto marítimo. Normalmente, la operación que se lleva a cabo para lograr el rescate de los rehenes se mantiene en privado para no perjudicar futuros planes ni la seguridad del personal que actúa. MSF ha decidido no hacer público cómo se ha realizado. En numerosas ocasiones, el precio que debe pagar el Gobierno es el de pagar un rescate si ve que es imposible detener a los captores y, además, liberar a presos que se encuentren en las cárceles. Así ha sucedido con los cooperantes catalanes (pidieron 30 millones de dólares y poner en libertad a tres presos) o el Alakrana (alrededor de cuatro millones de dólares). Normalmente, comienzan exigiendo un precio muy elevado aunque luego se reduce. Es un asunto muy controvertido ya que, cuando el Gobierno decide seguir este camino, buena parte de la sociedad le recuerda que es constitutivo de delito. Otras veces, se opta por tender una trampa a los secuestradores (aunque se pone en peligro a los rehenes), a los que se les hace creer que se pagará el dinero pero, finalmente, el Gobierno lo recupera. Blanca Thiebaut y Montserrat Serra ya descansan en sus casas aunque ahora les toca enfrentarse a una parte más dura: la libertad. Los daños colaterales que origina un secuestro deben tratarse por médicos expertos para conseguir que se vayan reincorporando a la vida corriente con la mayor normalidad posible. Las patologías que pueden sufrir tras la liberación derivan en esquizofrenias, paranoias o la desconfianza en las demás personas. Aunque suele ser en raras ocasiones, la víctima puede presentar el síndrome de Estocolmo, es decir, mostrar apego hacia su secuestrador. Médicos Sin Fronteras ha admitido que, tras apresar a las españolas, la capacidad para desarrollar la actividad de la ONG en Somalia se vio afectada negativamente ya que les preocupa la protección que reciben.





