SEMANA SANTA
Siete de cada diez españoles se declaran católicos
Por Natalia Méndez Aparicio
3 min
Sociedad27-03-2013
La llegada de la Semana Santa ha despertado el fervor en España, país de tradición católica con presencia de creyentes en aumento a pesar de la ola de secularización que ha vivido en los últimos años. Los últimos datos del CIS revelan un pequeño aumento de los católicos en España, pero no todos ellos son practicantes y una pequeña minoría está acostumbrada a celebrar con frecuencia los diferentes actos litúrgicos.
Antes de que el Papa Francisco fuese nombrado Sumo Pontífice, ya se barajaba la posibilidad de que el próximo Papa fuese de Sudamérica, aunque también se mencionaban al continente africano y oceánico. El motivo de estas sospechas se debía al aumento de creyentes en estos países y la disminución de fieles en Europa. En concreto, en España, se ha hablado durante los últimos años de una fuerte disminución de católicos, coyuntura que ha sido aprovechada por los gobiernos para llevar a cabo políticas en favor de la secularización. Sin embargo, comparando los datos del CIS de 2012 y 2013, se aprecia una subida en el número de católicos que en enero del año pasado era del 72 por ciento, mientras que en 2013 ha sido del 73,1 %. No obstante hay que señalar que una cosa es ser católico y otra practicante. El porcentaje de católicos que asiste a los oficios religiosos es menor, a pesar de que ha aumentado alrededor de un 2%. Además, la frecuencia a la que acuden los practicantes es bastante variable, siendo solo un 2,2% los que se pasan por la iglesia más a menudo. A la vista de estos datos, el catolicismo tiene menos seguidores en España que en años anteriores. Ocho años de pulso político a la religión Durante las legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero, hubo diferentes conflictos con la religión, provocados por la adopción de medidas que fomentaban la separación entre la Iglesia y los ciudadanos. El gobierno socialista, con el objetivo de enmascarar la crisis económica en España, desvió la atención de los ciudadanos hacia temas sociales que atacaban a la sensibilidad religiosa de los cristianos. Una de las promesas principales fue la legalización del matrimonio homosexual, una concesión con la que España fue el tercer país en el mundo en permitir este tipo de uniones conyugales en 2005. Ante esto, la Iglesia católica en España argumentó que era ilícito, ya que en primer lugar atacaba a la institución del matrimonio y en segundo que los padres del mismo sexo impedían el correcto desarrollo de los hijos adoptados. Por otro lado, el gobierno socialista también legalizó el aborto inducido en 2010, aunque permitiendo dicha práctica únicamente en las primeras 14 semanas de gestación. En estos años hubo diversas manifestaciones pro-vida organizadas por asociaciones, la mayoría de carácter católico, que ofrecían alternativas a las mujeres que no deseaban tener el bebé o no podían permitirse el cuidarlo. Otro tema polémico fue la eutanasia, la cual ha sido muchas veces mencionada, pero no se ha llevado a cabo ninguna medida legislativa. Por otra parte se presentó un proyecto de ley de libertad religiosa porque se consideraba que la Constitución de 1978 protegía más de lo debido al catolicismo a pesar de que en la Carta Magna consta que España es un estado aconfesional. El conflicto con la religión también llegó a las aulas de los colegios. En primer lugar con la introducción en la formación de los escolares de la asignatura de Educación para la ciudadanía, que permitía a los alumnos escoger entre esta o la materia de religión. Por una parte, otorgaba a los alumnos no practicantes la posibilidad de no tener que estudiar la fe cristiana, sin embargo el simple hecho de ir a una clase u a otra, provocó en algunos centros discriminaciones a aquellos alumnos que elegían la contraria a la base ideológica del colegio. En segundo lugar y ateniéndose a la libertad de religión que defendían, el gobierno de Zapatero decidió retirar los crucifijos que se encontraban en las aulas de los colegios públicos. Al margen de los cambios de signo político y de las medidas que tomen en favor o en contra de la religión, España es un país tradicionalmente católico y en la actualidad, más de la mitad de la población española se declara cristiana.





