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CAOS AÉREO

Testimonio: “Sólo quería llegar a casa”

Por Paloma BulnesTiempo de lectura3 min
España04-12-2010

El derecho a la huelga está reconocido por la Constitución Española de 1978 en el art. 28.2 y literalmente dice: “Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. La ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad”. Pero, ¿hasta qué punto puede una huelga paralizar el tráfico aéreo, no sólo en España sino internacionalmente?

Ayer, viví en primera persona el caos aéreo pero, por desgracia, no era la primera vez que me sucedía, aunque ha sido la ocasión más horrible. Los hechos se sucedieron así. Me encontraba en Madrid haciendo los últimos preparativos para poder ir a pasar el puente a mi casa (Gijón, Asturias). Recibo una llamada de mi padre diciéndome que acaba de ver en las noticias que los controladores aéreos se ponen en huelga. Aquí, comienza mi aventura. Me voy al aeropuerto de Madrid- Barajas. Llego y sólo veo enormes colas en los mostradores que alcanzo a ver, tanto de Aena como de las diferentes compañías. En Aena, para atender a toda esta gente hay sólo dos personas y la verdad que la simpatía brillaba por su ausencia. Miro en las pantallas y sólo veo la palabra “cancelado” en todos los vuelos. Voy de un mostrador a otro buscando respuestas y soluciones, pero allí nadie sabe nada. Cada uno te dice una cosa. Para conseguir la hoja de reclamaciones tenías que enfadarte porque por las buenas no conseguías nada. Un auténtico caos. La gente comenzaba a desesperarse y los medios de comunicación cada vez eran más numerosos. El comentario más generalizado de la gente era que por mucha razón que pudiera tener el reducido colectivo de los controladores, no tiene derecho a paralizar un país en periodo semi-vacacional llevándose por delante los derechos de cientos de miles de personas. La impotencia de no poder hacer nada se va apoderando de la gente. Al cabo de una cuantas horas, nos dan la opción de irnos en autobús a nuestro destino. Para esto, hacemos una cola que dura unas dos horas. Cuando ya tenemos el billete para poder ir en autobús, tenemos que aguardar una hora y media fuera del aeropuerto. Estamos hablando de la una de la madrugada y una temperatura de 0 º C. Para completar el panorama, envían un autobús de 50 plazas cuando eran dos los vuelos cancelados con destino a Asturias. Evidentemente, en la cola había más demanda que oferta. Conseguir una plaza fue la ley de la selva, vamos que sólo sobrevivieron los más fuertes porque allí no había nadie que pusiese un orden de entrada. En la lucha por conseguir una plaza, afloraron en todos los más bajos instintos de supervivencia y se quedaron en tierra madres con hijos pequeños y personas de avanzada edad. Sobre la una y veinte de la madrugada iniciamos, por fin, el viaje hacia Asturias. Un regreso de siete horas, en lo que podríamos definir como un autobús de cercanías, sin ninguna comodidad. Para completar el panorama, simplemente comentar que en todo este tiempo y por culpa de tener que estar en las diferentes colas no tuve ocasión de tomar ni un mísero botellín de agua. Todavía antes de llegar a Asturias y como de costumbre, sin ninguna explicación nos dieron un rodeo por Astorga, lo que aumentó el kilometraje y la duración del viaje. Finalmente, a las siete de la mañana llegamos al aeropuerto de Asturias y no había autobuses para el desplazamiento a nuestros respectivos puntos de destino.