VOLCÁN
Vuelo sin motor a 37.000 pies de altura
Por Javier M. Fandiño
2 min
Sociedad16-04-2010
¿Cómo reaccionarías si a 37.000 pies de altura el capitán del avión en el que viajas te comunica que los cuatro motores se han estropeado? Aunque parezca el argumento de una película de Hollywood, 247 pasajeros padecieron este martirio en junio de 1982 tras la erupción del monte Gallugung en Indonesia. La culpa la tuvo la ceniza volcánica, que se solidificó en los motores imposibilitando su funcionamiento. Casi tres décadas después, la historia podría volverse a repetir. La Tierra nos reta de nuevo.
Aquella vez, la pericia del piloto consiguió salvar dos centenares y medio de vidas, aunque el incidente obligó a adoptar nuevas restricciones y técnicas de vuelo. Medidas que son palpables 28 años después tras la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull, que ha obligado a cancelar el tránsito aéreo en 18 países europeos y a adoptar restricciones parciales en otros siete, entre ellos España. Las autoridades aseguran que el mayor temor no es la escasa visibilidad producida por este “humo ocre”, sino la seria amenaza que supone para los motores de un avión. El portavoz del Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA), Andoni Nieto, asegura que “la ceniza puede dañar los propulsores de las aeronaves al introducirse ceniza en los mismos, e incluso puede ser capaz de llegar a pararlos”. Las pequeñas partículas de polvo procedentes del volcán no pueden ser localizadas por el radar y se derriten al entrar en contacto con la alta temperatura de las turbinas, aunque posteriormente acaban solidificándose en los motores, imposibilitando su funcionamiento. Por si esto fuera poco, las cenizas expulsadas por los volcanes contienen partículas de vidrio, rocas pulverizadas y silicatos que provocan un efecto abrasivo sobre la aerodinámica de los aeroplanos, similar al que produce una lija. Diversas aerolíneas de Holanda y Alemania han estado realizando pruebas sobre el espacio aéreo europeo con el fin de calcular la repercusión de la nube de polvo en los aviones. Aunque los ensayos demuestran que las aeronaves no parecen haber sufrido daños considerables que impidan el tráfico aéreo, el resultado final en la práctica resultaría imprevisible, puesto que durante el vuelo podrían verse dañados distintos aparatos electrónicos del avión. Del mismo modo, cabe la posibilidad de que estas nubes de ceniza vengan acompañadas junto a otras de ácido sulfúrico. Mientras que las autoridades sanitarias señalan los peligros que la ceniza volcánica puede provocar sobre la salud de las personas, los expertos en el sector de la aeronáutica mantienen que las principales consecuencias se producirán sobre el tráfico aéreo. Las compañías más importantes ya estén comenzando a notar la repercusión económica y las pérdidas podrían superar los 1.000 millones de euros si la situación se alargase varios días más.





