ESTATUTO CATALUÑA
El Tribunal está caducado y roto por la ideología
Por LaSemana.es
3 min
España17-04-2010
La historia reciente del Tribunal Constitucional resulta de lo más combulsa. Uno de los magistrados fue apartado por su parcialidad de la sentencia del Estatuto y otro murió en pleno proceso de debate. Además, varios de los jueces deberían haber sido cambiados porque su mandato está agotado hace meses.
Todo son escollos para aprobar una sentencia sobre el Estatuto de Cataluña. Así que cada vez hay más voces que reclaman una renovación del Tribunal que permita empezar el debate desde cero con nuevos magistrados. Esta tesis ha ganado más adeptos tras el quinto fracaso de la ponente progresista Elisa Pérez Vera. En casi cuatro años ha sido incapaz de presentar un borrador de sentencia que convenciera a la mayoría de sus compañeros. Así que ahora se ha decidido ceder la iniciativa al sector conservador. El relevo lo toma el vicepresidente Guillermo Jiménez, lo ha provocado que los partidarios del Estatuto teman una sentencia mucho más dura y reclamen todavía más alto la renovación del Tribunal Constitucional. Jiménez pertenece al sector que hasta ahora ha rechazado con seis votos las anteriores propuestas de sentencia. Tendrá que elaborar un nuevo documento y convencer a sus cuatro compañeros del núcleo duro. Pero aún así no es suficiente. Necesita al menos que un progresista se ponga de su lado, como ha venido ocurriendo con Manuel Aragón. La situación no es fácil porque el Tribunal Constitucional está fracturado en términos ideológicos. El reparto de fuerzas está completamente igualado. Hay cinco magistrados progresistas (María Emilia Casas, Pascual Sala, Eugenio Gay, Elisa Pérez Vera y Manuel Aragón) y cinco conservadores (Guillermo Jiménez, Vicente Conde, Javier Delgado, Jorge Rodríguez-Zapata y Ramón Rodríguez Arribas). Jiménez y Aragón parecen los más conciliadores a la vista de las posiciones mantenidas en las últimas reuniones. No obstante, el Pleno el Tribunal Constitucional está compuesto en realidad por doce magistrados, aunque sólo diez puedan participar en las deliberaciones sobre el Estatuto de Cataluña. Pablo Pérez Tremps quedó apartado el 5 de febrero de 2007 por su falta de imparcialidad. El Partido Popular pidió su recusación al entender que estaba contaminado y no sería suficientemente objetivo. Antes de llegar al Constitucional, Pérez Tremps participó en la elaboración de un informe para la Generalitat de Cataluña sobre la legalidad del estatuto. El Tribunal consideró que no podía ser juez y parte del mismo proceso y por eso le apartó. Desde entonces no ha participado ni en las deliberaciones ni en las votaciones. Esta circunstancia provocó que el sector conservador quedase en mayoría con seis magistrados frente a cinco progresistas. Pero en mayo de 2008 falleció Roberto García-Calvo, que tenía 65 años y hasta entonces había sido uno de los más firmes detractores del Estatuto. Su muerte volvió a igualar las fuerzas, ya que no pudo ser sustituido. La vacante de García-Calvo podría ser ocupada si PSOE y PP se pusieran de acuerdo para renovar el Tribunal Constitucional. El problema es que su puesto no es el único pendiente de negociación. La presidenta, María Emilia Casas, debería haber abandonado el cargo en diciembre de 2007, ya que su mandato está agotado desde entonces. Sin embargo, sigue al frente de la institución con el empeño de resolver este espinoso asunto. En igual situación se encuentran el vicepresidente Guillermo Jiménez y los vocales Jorge Rodríguez-Zapata y Vicente Conde, los tres del sector conservador y contrarios al Estatuto de Cataluña. La única solución posible parece que en los próximos meses se llegue a un acuerdo para dictar sentencia. No es fácil pero puede que el carácter conciliador de Jiménez y su postura cercana a Manuel Aragón sirva para confeccionar una mayoría suficiente. No hay que descartar que Casas se puede también a un acuerdo, aunque si Jiménez suaviza demasiado el borrador que debe elaborar podría perder el apoyo de alguno de los magistrados más duros. Ganaría el centro y la ecuanimidad, frente a la lucha ideológica soterrada que hasta ahora ha impedido el acuero.





