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LÍBANO

Israel vs. Hezbolá, la última guerra de Oriente Próximo

Por Luis Miguel L. FarracesTiempo de lectura3 min
Internacional20-07-2008

El mundo entero volvió la vista hacia Líbano en el verano de 2006 para contemplar el último gran conflicto de ese polvorín llamado Oriente Próximo. La guerra de Israel y Hezbolá; de Hezbolá e Israel. La de Tiro, Sidón y Haifa; La de los destartalados cohetes exsoviéticos Katiusha frente a las bombas de racimo. La guerra que ubicó en el mapa al desconocido río Litani. La de la resaca de la ocupación de las Granjas de Chebaa, y la de los dos soldados de la Tsahal secuestrados. La guerra de los 1.183 muertos y los más de 4.000 heridos. La de Israel y Hezbolá; Hezbolá e Israel.

Desde el secuestro en la frontera israelolibanesa de los dos soldados hebreos a manos de la milicia chií del Partido de Dios y la posterior invasión del país de los cedros por parte de la Tsahal, más de un millar de personas murieron en apenas un intervalo de dos meses. Tras la última guerra en Oriente Próximo, el panorama sociopolítico de los dos contendientes presentó retos y características diferentes, pero convergen en un punto común, el desgaste de la posguerra. Para Israel, este desgaste se plasmó sobre todo en lo político. El primer ministro del país, Ehud Olmert, jugó a intentar ser el carismático Ariel Sharon y perdió. Y es que la opinión pública del país hebreo se mostró más crítica que nunca con una intervención de su Ejército, bien es verdad que por motivos dispares. Unos pocos consideraron desproporcionada la respuesta militar de Israel por el secuestro de sus dos soldados en la frontera y se preguntan si fueron necesarias las bajas de sus compatriotas desplegados masivamente en el campo de batalla; pero los que más, opinan que el actual conflicto fue fruto de una precipitada retirada de la Tsahal del sur del Líbano en 2003 y se quejaron de errores flagrantes en el desarrollo de la contienda, reconocidos, por si fuera poco, en más de una ocasión por miembros del Alto Mando del país. Y es que pese a que el primer ministro israelí, Ehud Olmert, quiso vender este conflicto como un éxito rotundo de sus militares, lo cierto es que no logró la mayoría de los objetivos y anhelos que depositó en esta intervención. Ni consiguió empujar a Hezbolá a la orilla más lejana del río Litani, ni logró que los cascos azules de Naciones Unidas fueran a desarmar a la milicia chií, ni, sobre todo, consiguió hacer más débil al Partido de Dios, sino todo lo contrario al menos en cuanto a apoyo popular se refiere. Una región devastada Ante los ojos libaneses quedó toda una región, la del sur, devastada por la guerra. La economía del país sufrió, y sigue haciéndolo, con las tareas de reconstrucción de la zona, a la cual llegó una inyección de subvenciones de la Comunidad Internacional para tal empresa cuantiosa pero insuficiente según los expertos, irrisoria comparándola con las ayudas a la reconstrucción de Iraq tras la guerra de 2003. La guerra del verano de 2006 será recordada en Líbano como la Guerra de Hezbolá. Y es que el Partido de Dios logró gracias a este conflicto una inyección de apoyo popular muy importante no sólo entre la comunidad chií. Ya advertían los vecinos de las urbes devastadas por la guerra que las tropas internacionales de Naciones Unidas serían bienvenidas si éstas viajaban a la zona para ayudar en su reconstrucción, pero que tendrían graves problemas si pretendían desarmar a Hezbolá. El desempeño de esta tarea finalmente correspondió a negociaciones entre el Gobierno libanés y la propia milicia, que cuenta con presencia en el Ejecutivo y que obviamente fracasó. El miedo a que el desarme de Hezbolá en Líbano se convirtiera en el Iraq de Naciones Unidas fue fehaciente. Hezbolá fue para los libaneses toda una autoridad, tanto política como militar durante el conflicto, mucho más que el lejano Gobierno de Beirut. En lo social, Hezbolá se marcó asimismo otro tanto gracias a las ayudas que ha ofreció a todos los civiles que han perdido sus hogares en los bombardeos israelíes, a los cuales se les prometió pagar sus alquileres durante un año. Son pocos los que en el sur del país de los cedros se acuerdan que fue el Partido de Dios, mediante el secuestro de los dos militares israelíes y el lanzamiento de misiles Katiusha provocaron esta guerra. Después sólo se pensó en benefactores, en la gente que les prestó su ayuda para salir del atolladero, en el odio común a Israel, en la gente que defendió durante la guerra sus casas del enemigo.