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VIOLENCIA DE GÉNERO

Las leyes no son una varita mágica contra la violencia de género

Por Paula PortasTiempo de lectura2 min
Sociedad31-08-2007

La Ley de Protección Integral contra la violencia de género o Ley Integral, la primera aprobada en la presente legislatura, contó con el apoyo de la mayoría de sectores sociales y políticos, que veían en ella la esperanza de acabar con la violencia física y psíquica hacia las mujeres. Dos años después de entrar en vigor, algunos de sus aspectos esenciales aún están por desarrollar.

La mayoría de las pautas de estas leyes siguen sólo sobre el papel y su puesta en práctica se lleva a cabo con demasiada lentitud. Las medidas urgentes anunciadas el pasado quince de diciembre, entre otras la elaboración de un Protocolo Común Sanitario para la detección de la violencia de género y la atención a las víctimas, o la aprobación del reciente Real Decreto que contempla la creación de dieciocho nuevos juzgados exclusivos de violencia sobre la mujer, suponen importantes avances para afrontar el grave problema que todavía deja un elevado número de víctimas mortales. Hasta agosto, 54 mujeres han sido asesinadas, de las que casi el 39 por ciento eran extranjeras, convirtiéndose éste en el periodo más sangriento desde 1.999. La Delegación Especial del Gobierno contra la Violencia sobre la Mujer señala que las agresiones mortales se disparan en las épocas en las que la pareja convive más, como son el verano o la Navidad. La presidenta de la Comisión de Malos Tratos, Consuelo Abril, destacó que "un 76 por ciento de las mujeres que mueren por la violencia doméstica" no habían denunciado por malos tratos y una vez que se deciden, "pasan varios días conviviendo con el agresor hasta que continúan los trámites judiciales". También cuestiona la escasa actuación de oficio por parte de los fiscales, la inexistencia de protocolos unificados de actuación en el sector sanitario y la atención desigual e indebida a prostitutas, drogodependientes o las inmigrantes que sufren malos tratos. Varias preguntas se plantean, tales como, si nada más se puede hacer, si las medidas adoptadas son suficientes o si debería considerarse también delito y no simple falta la agresión de la mujer al hombre. Es probable que en algún momento se dejen de plantear este tipo de interrogantes, pero sin duda aún queda una árdua tarea por parte de todos los sectores, tanto políticos como sociales.