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SIN CONCESIONES

Competencias e incompetentes

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión25-09-2014

Eran las seis de la mañana en Londres. La luz del sol comenzaba a acariciar los tejados de la gran ciudad. Nacía un nuevo día después de una interminable noche para David Cameron. La angustia había tatuado en su cuello las marcas de la soga de la política. A la hora de despertar, casi sin dormir, sintió el alivio como quien abre los ojos tras un mal sueño. Escocia había votado "NO". La unidad había derrotado al independentismo con once puntos de ventaja. Más de lo que vaticinaban las encuestas días antes pero muchísimo menos que un año atrás. Cameron estuvo a punto de pasar a la Historia como el primer ministro que quebranta la cohesión de Gran Bretaña y como el político alocado que contentó a los independentistas al autorizar un referéndum de secesión. Cuando tomó la decisión no pensaba que la campaña sería tan intensa ni el resultado tan ajustado. Ahora parece el triunfador. Pero no lo es. Por el camino ha puesto en entredicho la integridad de la nación y, ante el miedo a perder, ha prometido a la desesperada más competencias a los separatistas escoceses. El nacionalismo nunca pierde. Puede que David Cameron haya aprendido esta lección al analizar con calma el resultado de la consulta. En España lo tenemos interiorizado a lo largo de más de 30 años de democracia. Aquí sabemos que un secesionista siempre quiere más. Hoy pide una nueva competencia y, cuando la consigue, reclama dos más. Su palabra dura lo que tarda la imaginación en vislumbrar una nueva quimera. Hoy cumplen por conveniencia, mañana inventan otra reivindicación por el ansia inacabable de lograr más, más y más. Cataluña es, posiblemente, el mejor ejemplo de toda Europa. En 1996 arañó al entonces Gobierno en minoría de José María Aznar unos ingresos fiscales inimaginables gracias a la cesión del 35% del IVA y del 33% del IRPF (hasta ese momento sólo recibía el 15%), además de nuevas competencias. En 2003 olvidó aquello y exigió al socialista José Luis Rodríguez Zapatero un nuevo Estatuto de Autonomía con más dinero y más poder. Sin ser consciente de los efectos desastrosos que tendría aquello, Zapatero abrió la caja de Pandora y concedió en 2006 el pastel de chocolate a su niña mimada. Entonces definieron el nuevo marco legal como un pacto de largo recorrido que duraría "para una generación". Pero el atracón, lejos de empachar, despertó el hambre al monstruo. En 2012, apenas seis años después, Artur Mas encendió la mecha de la independencia tras la celebración de la Diada. David Cameron ha caído en el mismo error que Felipe González, que José María Aznar y que José Luis Rodríguez Zapatero. Todos cedieron impuestos y competencias a Cataluña para intentar aplacar al ogro nacionalista que todo lo engulle. El tiempo ha demostrado que cuanto más le das de comer más devora. Es como el enfermo de solitaria, pues mientras más come más crece el bicho y menos alimento llega a los órganos vitales. Contentar a los secesionistas de Escocia con nuevas competencias es regalarles más recursos para propagar sus ideales egoístas e individuales. También debería aprenderlo Pedro Sánchez, tan ingenuo como novel al creer que con una reforma federal de la Constitución cesarán los desvaríos independentistas. Todo es una mentira, una patraña de ambiciones desmedidas que nacen de la supremacía que algunos otorgan al yo frente a la fuerza compartida del nosotros. Resulta toda una paradoja que políticos incompetentes anhelen cada vez más y más competencias. Ahora es tarde para arrebatar a las comunidades autónomas la gestión de servicios básicos que jamás debieron recibir, como la educación. Y de aquellos polvos estos lodos. Más vale que Cameron haya tomado nota en Downing Street. Más vale que en España abramos de una vez los ojos a la realidad.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito