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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Una vuelta a los orígenes

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional08-09-2014

Dicen que volver a los orígenes es positivo porque sirve para recordar cómo empezó todo, tener perspectiva y hacer balance del camino recorrido. Algo así es lo que está haciendo la OTAN, que regresa a su punto de partida después de darse cuenta de que su enemigo primigenio, Rusia (principal heredera del potencial militar de la URSS), nunca ha dejado de serlo, pese a las apariencias. Es cierto que desde la caída del bloque soviético a principios de la década de 1990, Rusia vivió momentos convulsos en todos los ámbitos y que la obligaron a hacer, prácticamente, una refundación. Nunca dejó de ser potencia, pero sí quedó relegada a un segundo plano que fue más evidente por el impulso y los avances de Estados Unidos, su gran adversario. Al mismo tiempo que esto ocurría, la OTAN empezaba a afrontar nuevos retos como el terrorismo internacional. Los atentados contra objetivos aliados empezaron registrándose en el extranjero, pero fueron incrementándose tanto en número como en intensidad hasta llegar a golpear dentro de los propios estados miembros. La prevención y la lucha antiterrorista pasaron a ocupar gran parte de la atención de la Alianza Atlántica, que parece que no supo (o no quiso) ver que Rusia comenzaba a cambiar con la llegada al poder de Vladímir Putin, un viejo zorro, curtido en el KGB y en la Alemania del Este. Desde finales de 1999, Rusia está regida por Putin, primero como presidente hasta 2008, más tarde como primer ministro durante cuatro años (después de haber colocado a Dmitri Medvédev, un hombre de confianza, como sucesor) y desde 2012, Vladímir está de nuevo en la Presidencia hasta 2018, si no sale reelegido. Durante todos estos años, Putin ha logrado que su país vuelva a ser tenido en cuenta y para alcanzar sus objetivos e intereses no ha dudado en usar posiciones de fuerza, utilizar sus recursos naturales como arma económica o incluso ir a la guerra, de forma directa o encubierta. En el conflicto ucraniano, Rusia está demostrando su verdadera cara. Ha incumplido el pacto de integridad territorial firmado con Ucrania cuando esta se independizó, le ha arrebatado la estratégica península de Crimea, hace operaciones subversivas y apoya a los prorrusos en regiones ucranianas y no le importan las sanciones internacionales porque se siente fuerte y porque cree que se pueden volver contra quien se las impone. Por si no fuera poco, Rusia pone condiciones en el frágil alto el fuego alcanzado entre las tropas de Ucrania y las milicias prorrusas, cuando Putin es el principal instigador del conflicto y la parte que más sale ganando. Mientras tanto, la OTAN se muestra preocupada, da pasos y toma medidas que van a tener un efecto más disuasorio que efectivo. En esto también se regresa a los orígenes, a la Guerra Fría, cuando ambos bandos sabían que cada uno de ellos podía hacer y deshacer según sus propios intereses, siempre y cuando no se rebasaran unos límites. Es una de las ventajas de ser superpotencias.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD