ANÁLISIS DE ESPAÑA
Suárez desde la lejanía

Por Alejandro Requeijo
3 min
España24-03-2014
Soy de la generación que puso fin a la EGB y comenzó la ESO (más lo siento yo, gracias). En la asignatura de Historia, rara vez se cumplía el temario completo y no llegábamos al final del libro. El siglo XX se daba deprisa y corriendo así que la Transición, como mucho, se despachaba en un trabajo opcional para subir nota. Esta generación creció teniendo la imagen de Adolfo Suárez transmitida por el testimonio edulcorado de los padres y por Cuéntame. Ahora España despide al padre de la democracia española y se le rendirán todo tipo de homenajes merecidos. El mismo sistema que le marginó en vida y acabó con su carrera política forzándole a dimitir, correrá ahora a reivindicar su legado, qué cosas. Lo malo es que estos días habrá mucha gente que abogará por recuperar el espíritu de la Transición como solución a todos los males actuales pese a que nada tienen que ver las amenazas de entonces con las de ahora. Ya no hay ruido de sables en los cuarteles, el terrorismo ha sido derrotado. Tampoco hay involucionistas que quieren recuperar el franquismo por mucho que haya quien se empeñe en seguir viviendo esa película. Esta generación, el futuro, es otro. La preocupación se centra en las pocas expectativas que ofrece un sistema partitocrático podrido heredero de aquella Transición. Un país que no soporta más la fórmula del café para todos pactada entonces como medida para salvar la situación de las amenazas latentes. Pero ya no aguanta más y no vale regocijarse en el pasado, aunque hoy España sea un país mejor que entonces. Los males endémicos de este modelo se han manifestado en todo su esplendor cuando terminó la fiesta y estalló la crisis. En seis años lo que se ha puesto en juego son las pensiones, sueldos más bajos, se ha abaratado el despido, se suben los impuestos, se sube la luz, las tasas universitarias, el acceso a la Justicia, la Sanidad, la Educación, la Cultura, la Investigación, las prestaciones sociales, ahí siguen inamovibles los seis millones de parados... Lo once millones de votos por los que el PP gobierna legítimamente no han servido para abordar una regeneración democrática. Ni siquiera una reforma de la Administración en condiciones. Claro que hay consensos, la casta política se protege a sí misma en detrimento de la separación de poderes, por ejemplo. PP y PSOE consensuaron reformar la Constitución en cinco minutos para contentar a Europa. PP y CiU acaban de pactar en las Cortes una reforma de la Ley de Seguridad Privada que da más presencia a los agentes privados en detrimento de las fuerzas de Seguridad del Estado. Para eso sí hay consenso. La corrupción salpica a todo lo que tiene que ver con las instituciones: Urdangarin, Gürtel, Bárcenas, ERE’s, Caso Palau… por ahí bajan mezcladas todas las instituciones que han gobernado durante 30 años el país hasta hundirlo. Esta generación vive atrapada entre todo eso. Atrapada en un escenario internacional donde salirse del redil es acabar condenado como país a la marginalidad más absoluta. Atrapada ante el abismo de pensar que la única vanguardia de la rebeldía ante todo esto sean niñatos con la cara tapada que pisotean la cabeza de un policía con el sueldo congelado y reivindican a Bakunin sin haberlo leído antes. El abismo de pensar que el miedo o el hastío mantienen a la gente en sus casas en lugar de llenar las calles pacíficamente. Todo esto es lo que nos ocupa hoy. ¿Qué tal si además de reivindicar la Transición, la superamos?
Seguir a @Alex_Requeijo

Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






