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ANÁLISIS DE ESPAÑA

La travesía del Adamant

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España03-03-2014

El Adamant era un buen barco. De factura alemana, surcó los mares durante el siglo XIX. Su última travesía la realizó en agosto de 1890. Partió de la ciudad germana de Hamburgo en dirección a Valparaíso, Chile. La aventura a través del océano Atlántico fue larga y nunca fácil. Pero la tripulación aguardaba aún un riesgo mayor. Para llegar a su destino debían cruzar el temido Cabo de Hornos, situado entre la isla del mismo nombre y la Tierra del Fuego, el punto más meridional del continente americano. Temido por marinos de toda clase desde al menos tres siglos antes. El Adamant debía cruzarlo además en dirección este-oeste, la prueba más dura pues a la adversidad natural de la zona había que sumarle la posible aparición de williwaws. Se trata de fuertes vientos capaces de darle la vuelta a una embarcación sin previo aviso. La literatura marítima ha otorgado a estos vientos muchas denominaciones: “los cuarenta rugientes”, “los cincuenta furiosos”, “los sesenta aulladores”… Pese a todas las dificultades sufridas, el Adamant logró doblar el Cabo de Hornos. Su tripulación salió a cubierta a ver con sus propios ojos el paso por tan emblemático lugar, celebrar la hazaña. Pero aún acechaban amenazas en el camino. Tras haber pasado lo más difícil, tras vencer los vientos traicioneros y haber sorteado bloques de hielo, el Adamant naufragó poco después a la altura de la Isla Desolación. Y como la del Adamant, el Mar está plagado de historias y leyendas. De livianos veleros y de pesados vapores como el Matadura británico, que viajaba desde Nueva Zelanda hasta Inglaterra. El Matadura embarrancó al poco de pasar el Cabo de Hornos, aunque el capitán logró poner a salvo a toda su gente. Historias del Mar. Sirvan todas ellas para entender los riesgos que pueden acechar en cualquier momento. En cualquier travesía. (No me refiero en este caso a los pobres malditos cuya ruta hacia las ansiadas Indias apenas es de 14 kilómetros y su Cabo de Hornos es un peligroso espigón. Aunque también). No basta con cruzar lo más difícil, lo que importa es llegar. Y no es lo mismo hacerlo en puerto que despertar en una playa agarrado a un madero tras haber estado a la deriva. Habiendo perdido el barco y demasiadas cosas más en la travesía imposibles de recuperar.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio