ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Palabra de mujer

Por Almudena Hernández
3 min
Sociedad05-03-2014
Muchas mujeres, millones, sufren discriminación en todo el mundo y son ciudadanas de segunda categoría. Desde pequeñas, las niñas tienen menos opciones de ir a la escuela y más probabilidades de llevar el peso de la familia en demasiados países. Muchas mujeres, miles, son víctimas de los malos tratos en el seno del hogar en España. También la crisis ha provocado que miles de mujeres paguen los platos rotos y se hayan tenido que hacer cargo del cuidado de familiares, y engrosan las listas del paro más que los varones y perciben menos salario que ellos por el mismo trabajo. Por eso es necesario que se oiga la voz de las mujeres, pero no sólo un día al año, en esa jornada del 8 de marzo que se ha instaurado a nivel internacional. Es verdad que hay mucho camino por recorrer, que hay discriminación, que el machismo de algunos (y de algunas) atenta contra las libertades de muchas ciudadanas y que la igualdad de derechos tiene muchas lagunas para demasiadas féminas. Pero también hay que tener cuidado, señoras, con que el machismo contra el que luchamos no se combata con un hembrismo feroz. Todas somos igual de mujeres y no todas compartimos que un grupo de radicales digan que nos representan con los pechos al aire, ni que el aborto sea un derecho que ha de resolverse en el ámbito privado sólo con la decisión de la mujer. Quizás a muchas no nos sirve el "nosotras parimos, nosotras decidimos" como lema supremo. Es cierto que son cuestiones diferentes, pero quizás haya que compararlas para plantear cierta contradicción. Si para la violencia de género (ojo, que también hay niños que son víctimas de los malos tratos en la familia, y sus casos no se airean tanto) las mujeres que dicen hablar en nombre de todas exigen elevar esta lacra a un asunto de Estado contra la que se involucre toda la sociedad, pues la consideran una cuestión pública, ¿por qué el aborto debe ser un asunto privado y exclusivo de las mujeres? ¿No hace falta la colaboración masculina para que se produzca el embarazo? ¿No hay cientos de miles de familias que esperan adoptar un niño? Señoras, no me representa un ramillete de perejil con propiedades abortivas en la mano mientras se gritan consignas contra todo el que se menea; ni una marea morada; ni un torso descubierto. Respeto todas las voces, aunque me chirríen, pero por favor, no digan que hablan en mi nombre. Respétenme a mi también. Estoy convencida de que no soy la única. Muchas mujeres que no coincidimos con ustedes también nos hemos trabajado poder alzar la voz y tenemos boca. No gritamos ni no nos desnudamos (¿no se quejan también de que el uso del cuerpo femenino es una práctica machista?) porque preferimos seguir trabajando conjuntamente con el otro cincuenta por ciento con el que convivimos en este mundo. Hay muchas cosas que mejorar, demasiadas, es verdad. Muchas mujeres, muchísimas, siguen pagando los platos rotos, es cierto. Por eso es tan necesario, cualquier día, sea o no ocho de marzo, ponerse a trabajar con inteligencia y responsabilidad. Y en ello quizás las mujeres tengamos que aprender a apartar la visceralidad que nos acompaña desde el inicio de la historia, romper con muchas ideas preconcebidas culturalmente y, también, el moderno sentimiento de superioridad que el feminismo moderno nos ha metido en la cabeza para combatir al enemigo. Seamos mujeres, sí, pero no nos olvidemos que ante todo somos personas. Y la voz del ser humano debe alzarse dignamente. Creo yo. Esta es mi voz. Palabra de mujer.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






