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IMPRESIONES

Aprendizaje inteligente

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión24-02-2014

Varios colegas me hablaron del libro. Está centrado en la Educación Secundaria, aunque el plan educativo contempla la Primaria y el Bachillerato y me dijeron que era bueno e inspirador también para la Universidad. Por fin ha caído en mis manos: Aprendizaje inteligente, escrito por Montserrat del Pozo, directora del Colegio Montserrat, lugar de origen de la experiencia que relata el libro. «Visitar Monserrat es como atravesar un túnel del tiempo hacia el futuro de la escuela que todos los educadores hemos soñado alguna vez», cuenta Carmen Pellicer Iborra en el prólogo. El colegio pertenece a la Congregación de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret y me cuentan que hay lista de espera para visitar sus instalaciones. El libro y la web del colegio no defraudan. Llevo un par de años investigando sobre innovación docente y es la primera vez que veo un planteamiento teórico integral y bien articulado, que acoge la mejor teoría y práctica pedagógica del último siglo –sin olvidar la inspiración clásica– y la aplica teniendo en cuenta el desarrollo vital del educando. Hay un aspecto que el libro no desarrolla y, sin embargo, a mí me parece fundamental: el tratamiento de la vida contemplativa. La dimensión espiritual está intencionalmente presente en el libro, pero no desarrollada. Tampoco aparecen tratados, desde el punto de vista metodológico, experiencias como la contemplación o el silencio. Podríamos asumir que son aspectos implícitos y experiencias trabajadas, por ejemplo, en las partes del curriculum que abordan la música y el arte. A mí me gustaría que cuando el libro habla de “principios de aprendizaje” hablara de los fines de la educación y no sólo de los medios para adquirirla. También me gustaría que cuando desarrolla su “cultura de pensamiento” hablara no sólo de rutinas o esquemas mentales y de procesos críticos y creativos (inteligencia práctica), sino de actitudes como la atención, la necesidad de la contemplación y el gusto por buscar y descansar en la verdad (inteligencia teórica). Reconozco que esas faltas pueden no ser deficiencias del libro, sino malas expectativas mías, precisamente porque doy clase en la universidad, y no en secundaria. La universidad es ese momento vital y educativo en el que la formación liberal y la elección de los propios fines cobran una importancia capital. Dicho esto, si mis alumnos llegaran a la universidad con el aprendizaje que anuncia el libro, todo sería mucho más sencillo. Quizá algunos de sus planteamientos conviene implementarlos hoy en la universidad, mientras la inmensa mayoría de los colegios caminan hacia ese futuro prometido. De hecho, muchas de las cosas que trata el libro vienen recogidas en otro libro inspirador: Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Creo que perder un poco de tiempo en estas claves los primeros meses servirá para ganar tiempo y calidad formativa durante el resto de los estudios y para toda la vida.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach