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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

La vorágine de Ucrania

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional24-02-2014

Quién iba a decir que las protestas en Ucrania tendrían tan traumáticas consecuencias. Cuando la actualidad miraba hacia Venezuela, la violencia desatada en las calles de la capital ucraniana hizo sombra a la tensión venezolana. No es para menos, en solo unas horas, el caos se apoderó de la simbólica plaza de la Independencia de Kiev. Los disturbios y la represión policial se recrudecieron hasta extremos muy peligrosos. El resultado, decenas de muertos (algunos de ellos, policías), cientos de heridos e imágenes dantescas, que en algunos casos recordaban a las sufridas en la guerra de los Balcanes por la presencia de francotiradores. El riesgo de un enfrentamiento armado y generalizado estuvo presente durante horas, algo que hubiera tenido importantes repercusiones internas pero también externas, dada la relevancia geoestratégica de Ucrania, con Rusia y Estados Unidos-Unión Europea intentando ampliar su influencia en la región. Afortunadamente, la cordura se impuso y se logró un acuerdo entre el Gobierno y los principales representantes de la oposición. Un hecho que apaciguó la crispación, aunque no el escepticismo. El pacto logrado, a grandes rasgos, preveía constituir un Gobierno de unidad nacional de forma inminente, restar atribuciones al entonces presidente, Víktor Yanukovich, para potenciar el Parlamento, convocar elecciones antes de que finalizara el año e investigar la violencia registrada. Sin embargo, la vorágine de los acontecimientos modificó el escenario solo unas horas después. Víktor Yanukovich abandonó Kiev, lo que fue considerado como una huida y abandono del poder, pese a que este lo negó. El Parlamento se reunió de urgencia y destituyó a Yanukovich por hacer dejación de sus funciones, nombró nuevos cargos y adelantó las elecciones a mayo. Mientras tanto, el ya ex presidente está en paradero desconocido y deseando no ser detenido, pues debería responder ante la Justicia por la represión registrada durante las pasadas semanas. En un país en plena convulsión, falta ahora por saber si se va a respetar lo acordado o si va a haber algún sobresalto más como consecuencia de la actuación de grupúsculos radicales o por las reticencias de la parte este de Ucrania (proclive a Yanukovich y a Moscú) a aceptar a los nuevos gestores. El riesgo de escisión política entre las regiones ucranianas proeuropeas y las prorrusas es evidente. Un aspecto que puede aliviar la tensión es que el propio partido de Yanukovich se ha desmarcado del depuesto presidente y ha criticado abiertamente su actuación en la crisis. Ojalá que las nuevas autoridades sepan gestionar este periodo hasta que se celebren elecciones. Más vale que trabajen por el interés general, para explicar bien la destitución y la transición, para preparar unos comicios libres y para recuperar la convivencia de los sentimientos proeuropeos y prorrusos existentes. Al fin y al cabo, ambas poblaciones constituyen Ucrania. Si ambas son tenidas en cuenta seguro que contribuyen al bien común y al progreso del país.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD