IMPRESIONES
El viejo debate sobre el aborto

Por Álvaro Abellán
4 min
Opinión30-01-2014
Escribí Carta de ciudadanía fruto de mi perplejidad ante el hecho de que un defensor de los inmigrantes no quisiera, al mismo tiempo, defender la posibilidad de que el nasciturus tuviera pleno derecho a entrar en nuestro mundo. Allí hacía de la defensa del no-nacido causa propia, aun sabiendo que el objetivo es tan imposible como construir un paraíso en la tierra. En estas Impresiones que llevo publicando en LaSemana desde hace unos meses sólo pretendo compartir eso, impresiones. Huyo de forma consciente –y no siempre me resulta fácil– de la confrontación. No porque no me guste el debate –que me entusiasma–, sino porque una cosas es discutir entre personas y otra, muy distinta, alimentar a la Opinión Pública de ideas-bala para golpear en la cabeza, o en el corazón, a quien pase por allí. Esto de la Opinión Pública es complicado. Convierte una idea original, hija de un ser humano comprometido con un problema concreto de su tiempo, en un futuro eslogan que, 30, 50 o 3000 años después es utilizado de forma acrítica, sin raíces ni contexto, por la gente, ese impersonal anónimo –y, por lo tanto, irresponsable– que grita cosas al viento sin saber de dónde vienen ni qué daño hacen. La gente confunde casos con causas; porque los casos siempre son concretos, mientras las causas, por generales, exigen un grado de matiz, abstracción, conocimientos y teoría que no son fáciles de adquirir. Qué le vamos a hacer. El caso es que el tema del aborto sigue a pie de calle y mis impresiones sobre el tema siguen sucediéndose. Lo que esta vez me llama la atención es, precisamente, que una de las características de la Opinión Pública es que se compone de eslóganes sin raíces cuya creatividad y originalidad ya está obsoleta. Es fácil de ver: los científicos siempre denuncian que los libros de texto y de divulgación –donde están las ideas que conoce y repite la gente– están al menos 30 años por detrás de la ciencia real. Los profesores universitarios de Física dicen que sus estudiantes llegan a la universidad siendo newtonianos. Conocen la fórmula de la relatividad y son capaces de aplicarla; pero siguen pensando en la materia como si Einstein no hubiera existido. Lo mismo ocurre con los debates políticos y sociales que recoge la Opinión Pública. Leo los argumentos de la mayor parte de los políticos y periodistas, que son los mismos que los que encuentro en las redes sociales, y me doy cuenta de que estoy escuchando las cosas que se decían sobre el tema del aborto hace ya 50 años. Hubo un tiempo en el que era habitual que el embarazo pusiera en riesgo la vida de la madre. Hubo un tiempo en el que una mujer podía tener un niño y quedarse, ella y él, en una situación de desamparo social, económico y psicológico terribles. Hubo un tiempo en el que una mujer soltera embarazada podía sufrir una presión de la Opinión Pública casi tan terrible como la que sufren hoy los no-nacidos y los nacidos con malformaciones físicas o mentales –a los que se dice hoy, a la cara, que no pueden ser felices y que hacen infelices a sus padres–. Hubo, finalmente, un tiempo en el que no sabíamos con la evidencia palmaria actual que el feto es ya, en sus primeros estadios de desarrollo, una nueva vida humana. Nada de lo anterior justificó nunca la eliminación de una vida humana, pero nada de lo anterior es, ya, una razón real para justificar el aborto como una defensa de las libertades y los derechos de la mujer. Nuestro tiempo dispone de una tecnología, una ciencia, un conocimiento, unos recursos sociales y económicos y una mentalidad capaces de ofrecer a la inmensa mayoría de las mujeres que se quedan embarazadas una respuesta mucho más digna para ellas y para sus hijos que el aborto. Es ésta nuestra nueva realidad histórica y social, y de esa nueva situación deben nacer las nuevas ideas con respecto al drama del aborto. Éste es el planteamiento del que debe partir todo político que merezca ese nombre y que quiera reflexionar sobre el aborto. Esta es la realidad histórica y social que debe reconocer cualquier comunicador social, periodista, cineasta o artista que se precie de conocer el mundo en el que vive. Y si alguien quiere de verdad saber cómo están las cosas en torno al tema del aborto, que investigue un poco. Hay muchas personas que dedican su vida –no sus tuits– a acompañar a las mujeres que han pasado por esa decisión; y que las siguen acompañando, tomaran la decisión que tomaran en su día. Son personas que no tienen bando. O, mejor, dicho, que no están en contra de nadie; sino a favor del nasciturus, a favor de las mujeres, a favor de los padres, a favor de toda vida humana. Su bando somos todos. Sin condiciones.






