Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Musgo y chocolate

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad22-01-2014

No es la receta de uno de esos programas televisivos de cocineros se multiplican en las parrillas de la caja tonta, aunque quizás sería bueno registrar el nombrecito. Se trata de las dos palabras que pueden resumir el símbolo, reducir a la mínima expresión el significado del invierno. A muchos no les gustan estos días de enero en los que la lluvia, el frío y la niebla no dan tregua. Y no les gustan quizás porque no saben ver más allá de las molestias de empaparse los pies pisando un charco o de tiritar de frío por las aceras. La vida es perra y puñetera como el invierno, cierto. Pero, en enero, cuando levanta la niebla y las nubes dan una pequeña tregua, el horizonte del campo dibuja una alfombra de un verde y mullido musgo sólo recortada a veces por el tronco marrón oscuro de un árbol sin hojas. Es la pura metáfora de la vida: la primavera será posible gracias a la crudeza y la podredumbre del invierno. En las ramas rotas y huecas proliferarán las larvas que permitirán a muchos inquilinos campestres pasar estos meses y el resplandeciente musgo evitará que se hielen las raíces y bulbos que florecerán en abril. El invierno es como la crisis de las estaciones, hay que saber contemplarla y afrontarla con perspectiva. Igual que el campo brinda muchas oportunidades cuando parece muerto y cuando hasta las aves emigran cruzando las borrascas en bandadas en forma de flecha, en las cuestas arriba (incluida la tópica típica de enero) hay que aprovechar cualquier tregua del sol para salir a la calle, respirar aire puro y aprender de lo que vemos y experimentamos. Un ejemplo: la corriente de los ríos que aumenta con las lluvias y las nevadas no arrasa a los juncos. No son tan recios como la madera del roble, pero la grandeza de su fragilidad le concede la resistencia de la flexibilidad. No se pueden obviar, evidentemente, las piedras del camino y que la famosa crisis ha hecho que la vida de más personas sea cada vez menos fácil. Pero tampoco se pueden cerrar los ojos ante el paisaje de la vida y poner la excusa de que porque llueve no se puede salir a la calle. Así muchos se perderán el espectáculo mullido de una alfombra verde recortada por líneas imposibles de ramas color marrón oscuro. De repente llegará una tregua de musgo y chocolate. Quizás una buena receta. ¿Oído cocina?

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo