IMPRESIONES
El argumento navideño

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión23-12-2013
La Navidad nos presenta un tema con tal intensidad que nos resulta imposible no responder con nuestro argumento. Tema y argumento, como fondo y forma, son dos aspectos inseparables de toda historia. Si nuestra vida consiste en escribir nuestra historia, resulta que tema y argumento son dos categorías interesantes para comprendernos a nosotros mismos. La Navidad, decía, nos presenta un tema con una intensidad abrumadora. No se trata de ser o no católico y creyente. La Navidad es hoy y en estas fechas un tema ineludible para creyentes, ateos o agnósticos, judíos y musulmanes, europeos y africanos, jóvenes y ancianos, empresas y familias, gobiernos y parroquias, ONGs y medios de comunicación, ricos y homeless y así, hasta donde queramos explorar la cuestión. Como nadie puede escapar al tema navideño, todos nos vemos obligados a responder a su impertinente e insistente presencia. Nuestra respuesta puede incluir un discurso, una argumentación, un desahogo, una opinión, un villancico u otra canción. Puede incluir muchísimas palabras pero, además, incluye también nuestra acción. ¿Regalamos? ¿A quién? ¿Por qué razón? ¿Con qué sentido? ¿Con quién quedamos? ¿A quién invitamos a casa? ¿Qué celebramos? ¿Qué no celebramos? ¿Qué queremos olvidar? ¿Qué queremos recordar? A todas estas preguntas respondemos, más o menos conscientemente, no ya con discursos, sino con nuestra vida. Lo que hacemos en estas fechas es escribir el argumento de nuestra vida como respuesta al tema que el calendario nos propone. Mi primera preocupación, al enfrentarme a cualquier tema, es la de identificar las mejores fuentes. No es una cuestión científica o académica, sino una responsabilidad vital. Dado que me veo obligado a responder y argumentar con mi propia vida, no quiero hacerlo falsa o superficialmente. Pues bien: las fuentes más antiguas sobre este tema tienen casi 2000 años y están vinculadas a un acontecimiento histórico que sucedió poco antes de esos escritos. Tenemos los testimonios al principio de los cuatro Evangelios. En los últimos 20 siglos, esas fuentes primarias han sido comentadas e interpretadas de muy diversas formas. Algunas interpretaciones arrojan luz sobre lo original y otras llenan de costras, adherencias y capas aquel acontecimiento hasta asfixiarlo o hacerlo irreconocible. Ninguno de nosotros es alguien para imponer a otro un argumento para su propia vida. Pero todos somos alguien para invitar a otro a vivir con autenticidad su propia vida. Como no nos queda más remedio que enfrentarnos al tema de la Navidad, te invito, querido lector, a escribir tu respuesta, tu argumento, tu vida, habitando en la radicalidad de ese tema en lugar de pasear por las superficies de sus últimas costras.






