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SIN CONCESIONES

La doctrina de las víctimas

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión28-10-2013

La memoria humana es corta. La memoria española es casi inexistente, según qué cosas. Porque muchos se aferran a los muertos provocados por la Guerra Civil hace más de 70 años pero pocos quieren acordarse de los inocentes asesinados hace apenas siete. Por ejemplo, los dos ecuatorianos que fallecieron el 30 de diciembre de 2006 en el atentado de la banda terrorista ETA en el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Fue una salvajada, la última gran masacre de esta organización criminal. Pero los mismos que reclaman resucitar los fantasmas de la guerra fratricida del siglo pasado piden no hurgar en la herida de los asesinados más recientes de ETA. La sentencia de Estrasburgo contra la doctrina Parot es una humillación para las víctimas. Es injusta, aunque la dicte un tribunal de Justicia. Es incomprensible aunque la ampare la ley. Es dolorosa aunque busque reparar un daño. Por eso, miles de personas han salido a la calle para protestar contra el fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Son muchas menos que las que clamaban bajo la lluvia cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero negociaba con los terroristas un final dialogado de la violencia. Aquí también se aprecia lo corta que es la memoria de los españoles pero son muchas más personas que las que el entramado de ETA suele reunir en las calles del País Vasco. Aunque sean menos que otras veces, tienen detrás a la inmensa mayoría del país. En esto siempre ha existido una aplastante mayoría silenciosa, mucho mayor y mucho más homogénea que la que invoca Mariano Rajoy al hablar del fin de la crisis. La mayoría silenciosa que en España siempre ha imperado contra ETA atemorizaba a los criminales cuando salía a la calle de forma masiva ante tragedias como la de Miguel Ángel Blanco en 1997 o el 11-M en 2004. Sólo por casos así las víctimas merecen el mayor de los reconocimientos y de los respaldos. Lo afirma el Gobierno de España, aunque en su caso comete la contradicción de no ir a la protesta. No se puede pedir un homenaje para este colectivo y luego faltar a la cita. No es coherente, no es lógico, no es de recibo. Si la manifestación era simplemente para dar cariño a las víctimas de ETA, el ministro del Interior tendría que haber estado en primera fila. Es más, si Mariano Rajoy organizó en 2007 una queja callejera contra la salida de prisión de José Ignacio de Juana Chaos, ahora también debería haber asistido a la cita para abrazar a las víctimas una por una y demostrarles que está con ellas. No es suficiente con que el Partido Popular mande a un puñado de representantes. El propio presidente del Gobierno tendría que encabezar la concentración, puesto que él mismo aduce que no es contra Estrasburgo sino para solidarizarse con las familias de los fallecidos. La solidaridad se demuestra en hechos concretos y no sólo con palabras de cariño en un despacho frío de La Moncloa. El PSOE también debería haber acudido a la cita en vez de pedir una comprensión que nadie entiende. Debería hacerlo por los propios muertos que tiene la formación socialista. Sin ir más lejos, Isaías Carrasco, el concejal que ETA asesinó en la campaña de las elecciones generales de 2008 y que Zapatero rentabilizó en las 48 horas previas a la cita con las urnas. Ahora al PSOE no le preocupa lo que pase con los asesinos de muchos inocentes. Parece no acordarse de ellos en una amnesia irresponsable. En el caso de Rajoy, debe de ser por falta de gallardía. Pero en el caso de Rubalcaba, más bien parece una falta total de principios. La formación socialista avanza hacia la descomposición y el relativismo en todas las materias sin que nadie lo remedie. El propio secretario general parece haber olvidado los principios sobre los que mi tocayo Pablo Iglesias fundó el partido, como Rajoy parece haber borrado de la memoria la comunión que mantuvo con las víctimas del terrorismo en su primera legislatura en la oposición. Quizás sea por arrepentimiento, por mala conciencia, por oportunismo político... o simplemente por falta de memoria. Es uno de los principales lastres de España. Aquí tenemos la memoria muy corta y la lengua muy larga.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito