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IMPRESIONES

'Racconto' (retrospectiva)

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión24-10-2013

Mi mujer dice que soy un poco exagerado, pero el arranque del último espectáculo de Mayumana me dejó fuera de juego. El planteamiento es una retrospectiva de sus quince años y el tono inicial me sonó a “tuvimos una idea genial y aquí estamos”. En algunos momentos me pregunté si uno debe pagar por asistir a un pasatiempo que es, fundamentalmente, publicidad para sus creadores. Antes de empezar el siguiente párrafo, debo prevenirte de que no hablaré aquí de Mayumana, sino de las reflexiones a las que me condujo, quizá injustamente, la voz en off que guió todo el espectáculo. Un artista haciendo música con un cubo de basura puede ser una escena ambivalente. Puede resultar genial con la misma fuerza con la que puede resultar patética. Creo que la diferencia no está, como sugiere Buenafuente, en la calidad técnica del intérprete, sino en la pretensión y el sentido por el que uno se entrega a esa tarea. Cuando la causa es uno mismo, y eso se reduce a lograr el aplauso del otro -léase fardar, hacerse el guay, dejar con la boca abierta, etc.-, la escena resulta patética. Prefiero una técnica justita de alguien que busca ganarse el pan o una decididamente mala técnica de un padre que quiere jugar con su hijo a los tambores. Allí hay más nobleza y hondura humana que en el ególatra técnicamente perfecto. Hace una semana terminé de leer otra retrospectiva, la autobiografía de Gabriel Marcel. Allí el asunto es facilitar a los estudiosos la interpretación de su filosofía, a la luz de su obra dramática y de su propia vida. En principio, la pretensión parece poco desprendida y, sin embargo, el modo en el que habla de sí mismo y de su obra, desplaza la atención de su ego y apunta hacia temas que pueden importarnos a todos. El contraste con las impresiones de las que hablaba en el primer párrafo es radical, y de ahí que me plantee estas preguntas: ¿Por qué alguien que habla con orgullo de sí mismo se nos aparece como patético aunque su vida haya sido genial? ¿Por qué alguien que nos habla de sus causas, sus sueños e ideales nos suscita admiración aunque sus logros hayan sido mediocres? Creo que la respuesta a ambas preguntas tiene que ver con cierta sabiduría escondida, que tal vez no sepamos formular, pero que está escrita en el corazón de cada persona: que nuestra grandeza no está en lo que llegamos a ser, sino en la grandeza de aquello por lo que luchamos.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach