SIN CONCESIONES
El hijo pródigo catalán

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión22-10-2013
Todo el que tenga más de 30 años conoce seguro la parábola del hijo pródigo. Los que estudiaron EGB en el colegio con probabilidad la leyeron en clase de Religión. Ahora ya no es así. Las últimas reformas educativas han censurado una asignatura que enseña valores de convivencia, solidaridad y altruismo. Son los valores que forjaron los cimientos de Europa y que levantaron las primeras universidades y hospitales muchos siglos antes de que surgiera el Estado del bienestar. Mientras la Iglesia se preocupaba de los ciudadanos, los gobernantes se afanaban por acaparar poder, sumar riquezas individuales y anexionar territorios a costa de guerras sangrientas. La construcción del Estado se ponía por encima de las personas. Muchos siglos después, las autoridades de algunos países y regiones siguen empeñadas en sus propias ensoñaciones, en vez de trabajar por el bien común. Pero volvamos a la parábola del hijo pródigo. La Biblia enseña la moraleja de ese hijo caprichoso, avaro y despilfarrador que abandonó la casa familiar para emprender una vida nueva basada en el gozo y el vicio. No valoró lo que tenía en el hogar común hasta que huyó del padre y malgastó la herencia que recibió por anticipado. Sólo cuando sufrió hambre, frío, dolor, soledad y desamparo abrió los ojos a las ventajas de convivir en familia. Sólo cuando se quedó sin nada valoró todo lo que disfrutaba en la casa común de todos. La parábola enseña el arrepentimiento del hijo y la enorme capacidad de perdón del padre. Muchos progenitores repetirían ese gesto por un hijo porque el amor fraternal es capaz de eso y mucho más. Pero los padres también están para educar a los hijos. A veces los principios y recomendaciones bíblicas son insuficientes. Hay hijos que quieren independizarse e irse de casa sin pensar en las consecuencias, sin tener en cuenta el gasto que supone, sin asumir una pizca de responsabilidad, sin contemplar las obligaciones que conlleva, etc. España tiene ahora mismo un hijo pródigo que quiere huir de casa para no volver, sin importar quién pagaría las pensiones de los jubilados catalanes y de dónde saldría el dinero para abonar la prestación de los 620.000 parados de la región. Es muy fácil querer irse de casa como el hijo egoísta del Evangelio o como un adolescente inmaduro que pide a la vez la paga y la independencia. Como el emancipado que vuelve a cenar a casa todas las noches y pide a su madre que le haga la colada. El hijo pródigo catalán también querría tener un padre misericordioso como el de la parábola. Le gustaría que no le pusieran mala cara al salir de casa corriendo. Preferiría no escuchar palabras malsonantes cada vez que amenaza con irse a vivir de alquiler sin tener dinero para el apartamento. Pero los progenitores están para educar. Hay padres como José María Aznar, que te abroncan cada vez que abren la boca. Hay padres como José Luis Rodríguez Zapatero, que consienten cualquier capricho, incluso un estatuto de autonomía inconstitucional. Y hay padres como Mariano Rajoy, que sólo delimitan las reglas de juego y dejan hacer mientras no se vulnere la ley. Son tres tipos de padre muy distintos pero los tres han dejado claro que Cataluña no puede secesionarse de España. ¡Por algo será! Si lo hiciera, cometería el mismo error del bíblico hijo pródigo.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






