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SIN CONCESIONES

Crisis de gobierno

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión02-09-2013

Faltan menos de tres meses para cruzar el ecuador de la legislatura. Luego el inicio de este curso político supone en la práctica el comienzo de la segunda mitad del mandato del Gobierno. Mariano Rajoy lleva más de 20 meses dirigiendo el país, con sus aciertos y sus errores. Pero ya no es un recién llegado. Conoce las virtudes y los defectos del sistema, aunque lo cierto es que sabía bien dónde se metía. Lleva más de dos décadas en la primera fila de la política, por lo que ha sido testigo de lo mejor y lo peor. Después de tanto tiempo, ya es hora de que los ciudadanos aprendamos cómo es y cómo actúa. A saber... No le gustan las decisiones apresuradas. No le importa lo que digan de él. No presta excesiva atención a los periodistas. No es egoísta. Tampoco es ambicioso. No le gusta gritar. No le preocupan las portadas de los periódicos de la mañana siguiente. Sólo le importa alcanzar las metas que se marca, que suelen ser pocas pero trascendentales. En dos años de legislatura, Zapatero había acometido dos crisis de gobierno. Con semejante precedente resulta comprensible que los impacientes acusen a Rajoy de proteger a sus colaboradores más débiles. Quienes este verano han pronosticado una remodelación inmediata del gabinete presidencial nada más regresar de las vacaciones han puesto de manifiesto que sus fuentes de información no son del todo fiables. Pero sobre todo han demostrado que no conocen suficiente al presidente del Gobierno. Rajoy es la antítesis de Zapatero en muchos aspectos y precisamente por eso los españoles le eligieron con una amplia mayoría absoluta en noviembre de 2011. En el trato con la prensa y en la gestión de equipos es donde más se diferencian. El socialista nombraba ministros con la misma rapidez que los quemaba. No le importaba que dominaran la materia o realizaran una buena gestión. Sólo le preocupaba la imagen que transmitían y la medida en la que perjudicaban la suya. En cambio, Rajoy prioriza que cumplan su cometido y no le generen problemas. El actual presidente del Gobierno representa a la perfección a ese modelo de jefes que dicen "no me traigas un problema, trae la solución". Cada persona tiene su ritmo vital. En el caso del político gallego queda claro que el suyo es propio de bradicardia. Parece frío e insensible a los problemas, aunque la realidad es que luego le corroen por dentro como la carcoma. De ahí algunos de sus tics nerviosos... Pero con las personas suele tener la paciencia infinita del Santo Job, como llegó a comentar en los años de brutal trifulca interna entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. Recordemos que tardó seis meses en apartar a Luis Bárcenas como tesorero del PP cuando estalló el caso Gürtel y que le siguió pagando una nómina mensual de 20.000 euros hasta el pasado mes de enero. También mantuvo cuatro años a su lado a Eduardo Zaplana y Ángel Acebes tras el 11-M a pesar de que la mayoría del partido le pedía que prescindiera de ambos. Por lo tanto, lo que diga una encuesta de José Ignacio Wert o lo que publiquen los periódicos sobre Ana Mato no es motivo suficiente a los ojos de Rajoy para prescindir de un compañero y, además, amigo. La renovación ministerial llegará cuando sea lógica para la mentalidad gallega del presidente y no cuando lo estime la opinión pública. Rajoy tiene una concepción decimonónica de la política -y en algunas cosas de la vida- que le diferencia de la mayoría. Para lo bueno y para lo malo. Así que la ansiada crisis de Gobierno será posiblemente un retoque dentro de unos meses y no una revolución inmediata. Hay quienes han publicado incluso que el presidente planea cambiar a siete de sus ministros para dar un nuevo impulso al Ejecutivo. Pero la verdad es que el mayor impulso tendría que darlo él mismo todas las semanas con un protagonismo emprendedor que nunca llega porque su personalidad es bien distinta. Frente a la obsesión que tenía Zapatero con los titulares de los periódicos, Rajoy está obcecado en dar la vuelta a la economía. Su plan inicial de legislatura contemplaba que a estas alturas estaría encarrilado el crecimiento y la creación de empleo. Pero la realidad es bien distinta. La hoja de ruta del PP lleva varios meses de retraso. Comienza la segunda fase del mandato presidencial y lo hace con los mismos retos, con las mismas personas. "Yo soy poco de cambios", ha comentado Rajoy este mismo verano a algunas personas. Guste o no guste, acierte o se equivoque... él es así y a estas alturas no hay quien le cambie.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito