Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

¡Gibraltar, español! (hay que dejar de soñar...)

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura3 min
Internacional02-09-2013

Gibraltar ha estado muy presente en las últimas semanas, tanto como para eclipsar el famoso caso Bárcenas, que ha incluido la declaración como testigos de altos cargos del Partido Popular en la Audiencia Nacional. El asunto gibraltareño cada cierto tiempo regresa a la actualidad y sigue despertando pasiones en España, en el Peñón y, algo menos, pero también, en Reino Unido. Hasta en los campos de fútbol de Primera División se ven bufandas con el lema "Gibraltar Español". En esta ocasión, el lanzamiento de bloques de hormigón con hierros por parte de Gibraltar ha vuelto a encender la mecha de la polémica. Los pescadores españoles de la zona, hostigados por las patrulleras llanitas desde hace tiempo, dicen que dichos bloques son una grave amenaza para su trabajo. Las peticiones del Gobierno español para que los bloques fueran retirados no han sido atendidas, y las autoridades gibraltareñas mantienen una actitud y un discurso provocadores. El ministro principal del Peñón, Fabian Picardo, se comporta como ese niño chinchorro y repelente que se cree el más guay porque tiene a su lado al primo de Zumosol, que en este caso es Reino Unido. A España siempre le ha faltado una postura clara, unificada y de Estado, en este asunto. La verja estuvo cerrada décadas, luego se abrió, ha habido momentos distendidos y otros más tensos e incluso el Gabinete de Rodríguez Zapatero permitió conversaciones a tres bandas, situando a la parte gibraltareña prácticamente al mismo nivel que el británico y el español. Sin embargo, la posición actual del Ejecutivo de Mariano Rajoy, donde destacan los controles exhaustivos en la frontera para luchar contra el contrabando y el fraude fiscal, está molestando enormemente a los llanitos y a los británicos. Tanto que hasta el primer ministro de Reino Unido, David Cameron, ha pedido la intervención de la Unión Europea. Es curioso que un euroescéptico como Cameron, que quiere convocar un referéndum para ver si su país se mantiene o abandona la UE, llame a Bruselas para que tome medidas. Desde La Moncloa se ve con buenos ojos la mediación comunitaria, pero conviene andarse con mucho ojo. La UE puede ser un gigante económico pero es un enano diplomático y en los Veintiocho siguen primando los intereses existentes entre los diferentes miembros. Si Bruselas se puso de perfil con la crisis de Perejil entre España y Marruecos (no miembro, pero con buenas relaciones con Francia), poco se puede esperar ahora en un litigo entre dos integrantes de su propio seno. En las relaciones internacionales actuales, el poder diplomático está estrechamente relacionado con la capacidad militar. Cuanto más potente sea el ejército de un país más en cuenta se tendrá a dicho país a la hora de tomar decisiones y habrá una mayor condescendencia hacia él en caso de controversias. En este aspecto, Reino Unido gana por goleada a España. En cuanto a los tribunales internacionales, estos tampoco son una garantía porque las leyes son interpretables y, casualmente, esas interpretaciones suelen beneficiar al más poderoso. El Gobierno de España se equivoca si enfoca este conflicto en la reclamación de la soberanía de Gibraltar. El Peñón nunca volverá a ser español porque con el Tratado de Utrecht se cedió a los británicos, y estos no devuelven nada salvo que ya no les interese o no les quede más remedio (como pasó con la recuperación de Hong Kong por parte de China). La Moncloa debe centrarse en que se cumplan los acuerdos firmados con Reino Unido y en demostrar las ilegalidades territoriales, aduaneras, fiscales... que se cometan en Gibraltar. Así, es posible (solo posible) que se obtenga algún resultado beneficioso para los intereses españoles e incluso que los británicos colaboren en la persecución del delito. Cualquier enfrentamiento diplomático o judicial entre España y Reino Unido por Gibraltar, acabará perjudicando a la parte española.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD