SIN CONCESIONES
Bárcenasgate

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión16-07-2013
Sólo hay un presidente en más de 200 años que ha dimitido en Estados Unidos. Fue Richard Nixon en agosto de 1974. Fue apenas año y medio después de ser reelegido en las urnas. Y fue como consecuencia del escándalo del Watergate. Nixon tiene el bochornoso honor de ser el único que se vio forzado a abandonar la Casa Blanca antes de tiempo. Lo hizo por el escándalo de las escuchas ilegales al Partido Demócrata. Las irregularidades cometidas por sus subordinados le acabaron salpicando, hasta demostrarse que nada habría ocurrido sin su complicidad o connivencia. La investigación periodística fue clave para desvelar los delitos y poner contra las cuerdas al entonces presidente. En España, muchos quieren ver un paralelismo entre aquel Watergate que hundió la carrera política de Nixon y el caso Bárcenas que está haciendo añicos la credibilidad del Gobierno de Mariano Rajoy. Hay algunas semejanzas pero no pocas diferencias, aunque lo verdaderamente importante es si el final será el mismo. Rajoy está tranquilo. No va a dimitir. No ve motivo para imitar a Richard Nixon, aunque cada vez sean más las voces que exigen su dimisión, incluso dentro del Partido Popular. Quiere acabar la legislatura y sacar a España de la crisis económica. Tiene dos años de margen y pretende aprovecharlos al máximo. Pero en política dos años son mucho tiempo, demasiado. Han bastado dos portadas de periódico para que los buenos datos del paro y la mejora de la economía desaparezcan de la prensa. Sólo se habla de Bárcenas, de sus papeles sobre la contabilidad del PP, de sus mensajes por móvil con Rajoy y de lo que hizo al frente de las finanzas del partido. Mientras tanto, las siglas de la gaviota caen en picado en las encuestas de intención de voto porque cada vez son más los que desconfían del presidente. Sin embargo, él sigue a lo suyo. Está centrado y concentrado en las reformas económicas. Lo demás le importa poco porque asegura que no le incrimina, aunque le salpique cada día. El Gobierno está inmerso en la batalla de la economía, sin darse cuenta de que la guerra es contra su credibilidad. Aunque no tuviera culpa en el caso Bárcenas, su imagen sufre una erosión evidente entre los ciudadanos. Muchos de ellos nunca volverán a votarle, por mucho que devuelva al país a la senda del crecimiento y la creación de empleo. Quienes ya han perdido su confianza personal en Rajoy no cambiarán de opinión cuando en 2015 se convoquen las elecciones generales. La fe en las personas no es un acordeón que se estira y encoge sin riesgo de que se rompe. Cuando se pierde la fe en alguien, es imposible recuperarla. Pero Rajoy parece no darse cuenta de este detalle, fundamental en todas las relaciones humanas y esencialmente importante en la política. Quiere aprovechar su mayoría absoluta para acabar la legislatura y presentarse a la reelección. Pero habrá que ver si le dejan los ciudadanos y sus propios compañeros de partido. Si el PP sigue cayendo en las encuestas, puede saltar la sorpresa. El propio Rajoy podría apartarse para no perjudicar a las siglas, de manera que otra persona fuera el candidato a La Moncloa. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, sería la más adecuada para muchos dirigentes populares. Aunque la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, es la que tiene atados más cabos internos si se diera ese escenario. Cuando empezó la legislatura, Rajoy emprendió un arriesgado y ambicioso plan de reformas. Lo hizo pese a ser consciente de que con algunas de ellas se inmolaría políticamente. Pero no le importó porque su objetivo prioritario es sacar al país de la crisis. "Cueste lo que me cueste", llegó a decir en el Parlamento. Si tiene que sacrificarse, lo hará. No se lo plantea ahora pero tampoco debe descartarse según evolucione el Bárcenasgate. Rajoy no es Nixon pero muchos le quieren ver sepultado este mismo verano como al expresidente de EEUU. Si consigue superarlo, llegará al final del mandato. Pero no le garantiza repetir como cabeza de lista. Esa puede ser la verdadera consecuencia del caso Bárcenas.
Seguir a @PabloAIglesias

Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






