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SIN CONCESIONES

Con cara de tonto

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión08-07-2013

Llevo más de una década entrando cada semana en la sede nacional del Partido Popular. La misma en la que los grandes constructores supuestamente entregaban grandes cantidades de dinero a cambio de obras públicas. Llevo más de una década detrás de los políticos que cobraban grandes sueldos a finales de mes. Llevo más de una década conviviendo con acusados de corrupción y no me había dado cuenta. Llevo más de una década como periodista persiguiendo a José María Aznar y a Mariano Rajoy. Llevo más de una década estrechando relaciones con muchos de los trabajadores del partido que ahora está bajo sospecha. Llevo tanto tiempo y he vivido tan al margen de determinadas cosas que ahora siento una mezcla de ingenuidad, frustración e inutilidad que casi me tiene confundido. Vamos, que se me queda cara de tonto. No me he reunido con Bárcenas, al que en tanto tiempo apenas he visto conscientemente menos de una decena de ocasiones. No he conversado pausadamente con él. Ni una ni cuatro horas. Ni siquiera sé si tendría trago para sentarme en frente y escuchar su versión de los hechos sabiendo que llegó a ocultar unos 50 millones de euros en varias cuentas bancarias de Suiza. La ética profesional, la responsabilidad social de este oficio y, sobre todo, los principios morales con los que crecí a veces me hacen ser así escrupuloso. Pido perdón si es necesario. El caso es que no soy el confesor de Luis Bárcenas ni el columnista al que enseñan -pero no entregan- presuntas pruebas del delito mientras disfruta de un partido de fútbol en el Santiago Bernabéu. Cuando voy a ese santuario lo hago pagando o invitado por amigos de la infancia, pero nunca en el palco de honor donde se cuecen más negocios políticos y económicos que deportivos. Así le va al club de mis amores, pero esa es otra historia. Que no me haya reunido con Bárcenas en estos seis meses no impide que otros grandes periodistas lo hayan hecho. Pero conste que su grandeza no se mide por las vanidades acumuladas -que en algunos casos son infinitas- sino por la rigurosidad de las informaciones que luego publican. Curiosamente, muchos son los que han visto a Bárcenas pero pocos los que han transcrito sus palabras. Por algo será. El buen periodismo consiste en contar la Verdad, no la verdad de cada uno de los protagonistas. Así de sencillo y a la vez así de complejo. El buen periodismo reside en los hechos ciertos y probados, como en la Justicia. Las crónicas de color y anécdotas sirven para entretenerse un rato, para vender muchos periódicos y para confundir a mucha gente. Aunque vayan bien encaminadas, sirven de poco cuando intentan denunciar una trama delictiva sin las pruebas suficientes. Pero especialmente se caen por su propio peso cuando la fuente es un delincuente que está en la cárcel, que ha mentido reiteradamente al juez y que previamente ha negado lo que ahora sostiene por verganza. Después de diez años entre muchos dirigentes populares, es para quedarse con cara de tonto por haber vivido ajeno a muchas de las cosas que se publican. Muchos sabíamos que en el PP había sobresueldos en la dirección, pero dábamos por hecho que eran legales y hasta ahora nadie ha demostrado que no lo fueran. Sabíamos también que algunos políticos llevaban un nivel de vida por encima de sus posibilidades y en la mayoría de los casos han acabado en los tribunales. Sabíamos que el PP recibía donativos millonarios y a veces especulábamos con que estuviera esquivando las normas. Pero eran sólo especulaciones porque nadie tenía pruebas entonces y parece que tampoco por ahora. Pero con lo que a uno se le queda cara de tonto absoluto es con esos grandes periodistas que presumen en las tertulias de que lo que ahora cuenta Bárcenas era vox populi. Si realmente lo era y ellos lo sabían, ¿por qué no lo publicaron en sus prestigiosos tabloides? ¿por qué imparten lecciones de profesionalidad y ética periodística cuando algunos de esos periodistas eran íntimos amigos e incluso compartían vacaciones con algunos políticos del PP que ahora están imputados en graves casos de corrupción? Hay pocas sensaciones tan malas como darte cuenta de que la noticia pasa por delante de ti y perderla. Pero hay una peor y esa es que se pisotee el Periodismo con historias muy bien escritas que imitan los mejores tiempos de Gabriel García Márquez pero que ofenden tanto a la profesión como la vida promiscua y alocada que el mitificado Premio Nobel confiesa en su biografía.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito