ANÁLISIS DE ESPAÑA
La siguiente jugada

Por Alejandro Requeijo
2 min
España03-06-2013
Ha estado por España el presidente de Uruguay, José Mújica. Dirigente atípico, ex guerrillero tupamaro, 15 años preso. Sufrío torturas. Ahora dirige el país desde su casa de 45 metros cuadrados. Plantea debates valientes como legalizar la marihuana. Para ello pone como ejemplo cuando su país monopolizó el comercio de alcohol y la rentabilidad se invirtió en salud pública. Lo compara con otros lugares en los que se imponía la Ley Seca con penosos resultados. En una entrevista concedida a El País Mújica se define como un defensor del consenso con la oposición. Lo explica así: "¿Cómo es el juego de billar? Es muy importante los tantos que usted pueda hacer con la bola. Pero tan importante como eso o más, es cómo queda su bola. Para la siguiente jugada". Lo que el uruguayo quiere decir es que "no se puede construir algo importante si no se logra un cierto margen indirecto de influencia en la propia oposición. Por lo menos en los niveles más racionales de la oposición". En España, Zapatero gobernó ocho años con la estrategia de arrinconar políticamente al PP. De convertirlo en un partido marginal asociado a la extrema derecha. No había ningún interés de consenso. Aquellos fueron los años del Pacto del Tinell, de los cinturones sanitarios, los años en los que interesaba que hubiese "tensión" para ganar elecciones. Y hasta que llegó la crisis, lo cierto es que aquel plan cuajaba en las urnas. Sin embargo hoy es el PSOE el que tiene dificultades para presentarse, en serio, como alternativa real de Gobierno. Con cinco millones menos de votantes y un futuro difuso, el PP tampoco tiene ninguna necesidad de acudir en su rescate. En esta España de inestabilidad económica, social y política, seguramente la gobernabilidad es lo único que no se tambalea, pues se apoya en una mayoría absoluta. El PP no necesita a nadie. Pero de seguir el país como está y de cumplirse los pronósticos, España tiende a una pérdida de poder de sus dos grandes partidos en favor de otras marcas que cobrarían verdadera relevancia como IU o UPyD. Un reparto de poder a la italiana. Entonces vas a ver que risas cada vez que haya que sacar adelante algo importante en el Parlamento. Cambiar eso depende de muchas cosas y una de ellas es Rajoy como capitán de la nave. Él es quien tiene en su mano el palo de billar y quien tiene el poder de decidir dónde queda la bola para la siguiente jugada. No se trata de buscar consensos puntuales para la foto, sino lograr que sus acciones tengan "influencia en la propia oposición". Construir un proyecto común que englobe a todos o al menos a "los niveles más racionales de la oposición". Y eso también va por cualquiera que aspire algún día a gobernar. Otra vez esa línea que diferencia al líder del simple dirigente que espera una buena racha de datos para salir de su escondite y ganar las próximas elecciones.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






