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EL REDCUADRO

La pensión de Sáenz

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura3 min
Opinión05-05-2013

Cómo estarán de devaluadas y congeladas las pensiones de los jubilados, que incluso esa palabra, pensión, ha perdido en la práctica uno de sus significados, la de fonda. Hasta hace poco, las clases pasivas no cobraban pensión, sino jubilación. Porque una pensión era fundamentalmente una casa de huéspedes. En la moda constante del Plan Renove de las palabras en uso cuando no pueden pasar la ITV, "pensión" hizo desaparecer la voz "fonda", tan galdosiana, puro siglo XIX, que la dices y evocas un mundo de baúles y viajeros que llegan desde el expreso en un milord: "Fonda de Inglaterra". Las fondas de mala muerte, tipo Fondas del Peine, pasaron todas a llamarse pensiones. El histórico edificio de la Casa de los Pinelo que actualmente ocupan las Reales Academias de Sevilla aún es recordado como la Pensión Don Marcos que albergaba. Hoy en día la pensión Don Marcos sería la de Don Marcos Fernández, funcionario jubilado, tan exigua que hasta perdió la preposición "de": vaya mierda la pensión de Don Marcos Fernández, tras una vida dedicada abnegadamente a la función pública, lo poco que le ha quedado. Aunque exiguas, las pensiones de los jubilados hicieron que desapareciera el uso de la palabra para las casas de huéspedes, para las viejas fondas. Ya todas las pensiones son pretenciosos hostales. No hay más pensiones que las de jubilación. Esta España con las pensiones de los jubilados congeladas sin que nadie las meta en el microondas se levantó ayer con la noticia de una pensión, ante cuya cuantía quedó hondamente preocupada, y con razón. La que le queda a don Alfredo Sáez, como a tantos jubilados, es una pensión de hambre: 88 millones de euros de nada. Cifra que me plantea hondas dudas: esos 88 millones, ¿son al año o al mes? ¿O es un pelotazo de una sola vez? Y por otra parte, me hago la misma pregunta que cuando uno que se va a jubilar te dice lo que le va a quedar de paga: - ¿Tendrá este hombre para comer y para mantener la casa con esa pensión? Eso digo yo: ¿cómo paga este hombre los gastos de comunidad de su piso, si sólo le queda una mísera pensión de 88 millones de euros de nada? ¿Cómo va a poder mantener su posición social? Se acabó lo de salir a la calle a cenar con los amigos, salvo que sean ellos los que convoquen y conviden. Los viajes de vacaciones que solía hacer, salvo que se acoja a las ofertas del Imserso, no sé. Tendrá que recortar gastos, como todos los jubilados: darse de baja del club para no pagar la cuota; pedir a Telefónica que le ponga la tarifa de abono social que tiene para los pensionistas: que su señora deje tranquilita la tarjeta del Cortinglés y la use en todo caso sólo en las rebajas y en la Semana Fantástica; ir al Mercadona con menor frecuencia, y mirando más los precios, y tirando más de Hacendado y de Bosque Verde, que es más baratito... ¡Qué problema económico más grande se le presenta a este hombre, Dios mío de mi alma! Es que las empresas no tienen corazón. Cosas del capitalismo salvaje, que diría el progre coletudo viejorro que se me metió el otro día en la salita de estar con la bandera republicana tamaño sábana cuando en el 25-A le dieron pista, que va el artista, en La Sexta. Un señor que está acostumbrado a vivir, no sé, con 2 o 3 millones de euros al año, ¿cómo va a poder de pronto adaptar su vida al modestísimo cobro de 88 millones de nada? Y si todavía es mensual... ¡Pero anda que si son 88 millones al año! Y si es de una sola vez, de una tacada, es que ni te cuento. ¿Cómo va a vivir? Llévese usted una vida entera entregadito al Santander, cuadruplique su tamaño, señor Peter Lorre, digo, señor Sáenz, para que le agradezcan los servicios prestados de esta manera, con esa mierda de 88 millones de euros de pensión. Está visto y demostrado que, como dice Cayo Lara, la Banca no tiene corazón.

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor