ANÁLISIS DE CULTURA
Veneno nuclear

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura03-04-2013
Murió hace 40 años. Pero sus familiares claman todavía justicia para saber si se lo llevó un cáncer o algo peor. Las probabilidades de que el escritor Pablo Neruda muriera envenenado podrían ser iguales que las de Chávez de fallecer “asesinado por los Estados Unidos”. O no, si se mantiene la tesis de su chofer según la cual murió de manera repentina y con “123 kilos” de peso, aquella noche del 23 de septiembre de 1973 a las 22:30. Antes, a las 19:30, su conductor había sido detenido sin motivos concretos. Neruda le habría confesado poco antes que el médico le había inyectado un líquido. Este tipo de sospechas se ha convertido en una constante en Sudamérica. La sombra de la duda también se cernió sobre la muerte de los ex presidentes Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva. Del primero se dijo que había sido asesinado, pero todo quedó en un suicidio. Montalva no corrió la misma "suerte": las investigaciones demostraron que de un parte médico en el que ponía que murió tras las complicaciones de una operación, la cosa se puso seria y acabó en delito. Que el forense decida remover los huesos del escritor no es capricho, detrás de la oreja siente los cosquilleos de un murmullo llamado Pinochet. ¿Qué habría pasado si no le hubieran asesinado, si se confirman las sospechas? Podría haberse aliado a la oposición para convertirse en un sujeto incómodo para la dictadura. Los libros cuentan cómo se las gastaba el mandatario. Las dictaduras no son cosas del pasado. Desgraciadamente todavía existen desalmados que pretenden extender su poder, alejando de su vocabulario el término Estado de Derecho. No hay más que ojear los periódicos para encontrarse con un “pequeño gran dictador” que pretende defender su hegemonía a base de amenazas. Pero despierta poco más que escasa credibilidad. El enemigo de occidente no predica con el ejemplo: a sus estudios en colegios de élite en Suiza se une que de joven ya contaba con cocinero personal, chofer, estaba enganchado a la Play Station y usaba zapatillas Nike. ¡Qué dura es la hemeroteca! lástima que un recuerdo derrumbe su apariencia de “malo malísimo” y tan sólo queden restos de las costumbres estrambóticas de su padre, Kim Jong II, como que al ser un “ser divino” no iba jamás al baño. Son detalles que los niños norcoreanos estudian en el colegio. Ahora queda pensar que todo pasa.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






