ANÁLISIS DE CULTURA
El siglo de las palabrotas

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura13-02-2013
La fuerza de un "taco" vale más que mil palabras. Es muestra no sólo de mala educación, sino también de pérdida de fuerzas, de desesperación, de asombro. A los hechos me remito: esta semana escuchábamos algunos fragmentos de la declaración de María Victoria Álvarez, ex novia del hijo mayor de Jordi Pujol, al juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz. Después de confesarle que había pedido ser testigo protegido y que los funcionarios de la Policía le habían quitado hierro al asunto porque “de aquí no iba a salir nada” el juez contesta “joder”. Sobra el resto de la respuesta, ese impulso, dos sílabas malsonantes que demuestran hasta qué punto tiene límites la realidad. Un insulto no es lo mismo que una palabrota como la que se le escapó al presidente del Congreso de los diputados esta semana (“coño”) fruto de la desesperación al ver que tardaban en expulsar a los “manifestantes” antidesahucios del hemiciclo. La ofensa no acompaña a la palabra, sino al acto. El verdadero insulto tiene más que ver con que María Victoria Álvarez se sienta “acojonada” por la familia de su ex novio, con que tenga miedo de vivir en Barcelona ante lo que apunta más a un clan mafioso que a la clase política. Que pidiera ser testigo protegido y las dependencias policiales se rieran en su cara. La verdadera "infamia" es que los periodistas tengamos que seguir informando sobre suicidios de afectados por los desahucios, que se use a estas mismas personas como carne de cañón para atacar a los políticos y lanzar gritos maleducados en el Congreso de los Diputados como si de un circo se tratara. O que se la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, reciba insultos en la calle de trabajadores de Telemadrid, cuando no es su competencia ni el momento, o que Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ex gobernador del Banco de España, sea acosado al salir de un restaurante. La libertad de expresión es un derecho que mucho nos ha costado conseguir. ¿Hace falta maltratar a las personas con violencia por este mismo hecho? Leo que el ex ministro de Educación, Ángel Gabilondo, asegura en una entrevista al periódico El Mundo que “debemos tener cuidado con las palabras”. Es una lección no sólo para periodistas, sino para los políticos que son los que nos dictan sus pensamientos, a veces borrachos de medias verdades y que nadan entre lo misterioso y lo ininteligible. “Una palabra ama, una palabra mata, una palabra no es inofensiva”, dice Gabilondo. El problema está en que en este país abusamos de la palabra y maltratamos las acciones. Así pasa.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






